Por: Elko Omar Vázquez Erosa
I
Todo ocurrió en octubre del año 2005, mes brujo por excelencia. Salí de mi trabajo en la Presidencia Municipal y me encontré a Eduardo Arredondo, crítico de rock y locutor de radio: Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
I
Todo ocurrió en octubre del año 2005, mes brujo por excelencia. Salí de mi trabajo en la Presidencia Municipal y me encontré a Eduardo Arredondo, crítico de rock y locutor de radio: Continuar leyendo

Los extraños objetos que aparecen en la imagen no son los testículos petrificados de un rinoceronte albino, sino un par de guantes de box (nota del editor).
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Desde que entré a la Secundaria 3015 la mayoría de los estudiantes me odiaron, sentimiento que, por mi parte, terminó siendo ampliamente correspondido. La rabia que me dedicaban probablemente se debía a una de las siguientes explicaciones: Continuar leyendo
A Western Story
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Gabriel Ávila y Juan Campos bajaron del vehículo para encargar unas hamburguesas en un puesto callejero.
—Dos hamburguesas con mucha salsa —encargó Gabo mientras lucía una pistola fajada en la cintura. El hamburguesero se apresuró a servir la orden al ver el arma y el rostro de sargento mal pagado de Gabriel: nervioso envolvió el pedido mientras Juan Campos, quien vestía una cazadora de piel negra, lo vigilaba hierático detrás de sus gafas oscuras. Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
La vieja tina flotaba precariamente en el estanque con Laura, Tito y Ricardo a Bordo. Yo los miraba sentado en la boca del pozo.
—¡No te muevas tanto! —le dijo Laura a su hermano mientras utilizaba un palo a modo de pértiga.
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Mi novia y yo nos encontrábamos en la cafetería de la Facultad de Filosofía y Letras: yo devoraba una torta de lomo de puerco con salsa verde picante y ella uno de esos vasitos llenos de yogurt, granola, pasitas y demás porquerías que comen las mujeres, fingiendo que lo disfrutan para hacernos sentir unos cavernícolas. Continuar leyendo
Destinatario: Thomas Hobbes, Doea Lea, Derbyshire, Hardwick Hall.
Remitente: Elko Omar Vázquez Erosa, Chihuahua, México.
Queridísimo Thom:
Me encontraba bebiendo una copa de merlot y fumando un cigarrillo cuando se me ocurrió hojear algunos pasajes de tu deliciosa obra, El Leviatán, donde expones algunos puntos de gran interés que me gustaría comentar contigo:
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
El peligroso terrorista, Claudio Menchaca, se agitaba desesperado entre las férreas manos de uno de los escoltas del ilustre gobernador de Rancholandia, don Epifanio Alatorre. El coloso sostenía al malvado perturbador del orden social por el cuello de la camisa y del cinturón: el pantalón se encajaba cruelmente entre las nalgas del criminal, quien se balanceó tres veces antes de salir despedido a la cinta asfáltica, donde rodó miserablemente. Otro de los escoltas apareció en la puerta de la cantina “La Oficina” sosteniendo en alto, como un héroe de la antigüedad, la silla de ruedas del enemigo público en cuyo castigado cuerpo fue a parar el pesado armatoste. Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
—Así que van al estanque a platicar de literatura. ¿Y qué llevan para beber? —nos preguntó mi tío Elco a Miguel y a mí, ya que nos encontrábamos de visita en el rancho “El Refugio” para tomarnos unas vacaciones literarias, en contacto con la naturaleza. Miguel abrió una mochila donde brillaban como rubíes unas latas rojas de cerveza, aderezadas con trozos de hielo que semejaban diamantes. Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Mi mamá siempre nos empujó a que hiciéramos cosas útiles pese a nuestra tierna edad, así que nos procuraba cómics y libros para que adquiriéramos el hábito de la lectura, nos encargaba sencillas tareas en el hogar y nos animaba a que emprendiéramos algún pequeño negocio. Continuar leyendo

En tanto que al autor, a quien le trae regalos Santa y no los putos reyes magos, no tuvo una muestra de ese pan reseco ni del monito horroroso de plástico que obliga a comprar tamales, pues pone, para puro efecto de ilustración, esta imagen.
(Especial de Día de Reyes)
Nos encontrábamos en la oficina un 6 de enero: el licenciado se lució con dos roscas de Reyes y varias botellas de refresco, pero anunció:
—Muchachos, cada rosca contiene tres monitos de plástico: las personas que resulten agraciadas deberán cumplir con la tradición y traer, cada uno, 24 tamales el próximo 2 de enero, día de la Candelaria, ¡sin pretexto! ¿Estamos de acuerdo? Continuar leyendo