Préstame mil pesos

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

Para un hombre como yo, que es atosigado por sueños tan vívidos y fantásticos, que algunas noches creo ya haber despertado para encontrarme en otro sueño, y luego en otro… sueños llenos de maravilla y terror donde existen antiguos palacios, ciudades delirantes, caravanas de razas olvidadas, es un verdadero desperdicio haber soñado algo tan vulgar y que a continuación me permito relatar: Continuar leyendo

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Una mañana en México

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

La mayoría de los policías son unos empleaduchos de clase media baja a los que se les ha dado demasiada carne para el asador.

Charles Bukowski

Toda la culpa es de Carlitros: de no haberlo encontrado por la avenida 20 de Noviembre Gutierritos seguiría vivo; me explico:

Era una mañana fresca, risueña y linda como una flor, una de esas mañanas en las que se antoja ir al cementerio de Dolores a tomarle fotos a las tumbas y a escribir poesía, así que acudí a dicho sitio con una maletita en la que llevaba una botella de whisky y varios paquetes de cigarrillos, además del equipo fotográfico y, por supuesto, una libretita y una pluma. Continuar leyendo

El faro

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

Joseph Mallord William Turner (1775-1851). “Bell rock lighthouse”

Dijeron que estaba loco. Se pasó años en la reconstrucción del Faro. Llegó hasta el extremo de la ruina por ver su sueño contra el horizonte.

—¡Ahí va el viejo del Faro! —gritaban en la calle. Continuar leyendo

El cuervo y la calabaza

El cuervo y la calabaza

Por: Luis Octavio Legarreta Talamás

La aldea de Elen Luin se preparaba para decir adiós al caluroso verano y recibir el otoño, los pastizales rebosaban de un verde avivado por las pequeñas gotas de rocío que dejaba la niebla proveniente del bosque de Crussellas, los arroyos bajaban saltarines jugueteando malabares con las piedras y los huertos estaban rebosantes de fresas, maíz, zanahorias, patatas, uvas y sobre todo de calabazas. Continuar leyendo

El monstruo en el ropero

Por: Enrique Lomas Urista

El monstruo en el closet

La niña se sumergió en la oscuridad de la habitación, abrió el viejo ropero y volvió a la cama de un salto. Del vetusto mueble emergió el monstruo y se fundió en un abrazo áspero a la pequeña. Juntos fueron un solo tremor y un mismo llanto, que fueron ahogando cuando el hombre desnudo irrumpió, como cada noche, para aterrorizarlos.