Las visiones del árbol del espanto. Segunda parte

Explicación esotérica y exotérica de las habas

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

Karma 1/2: entonces descubrí que las alumnas (y también los alumnos) de intercambio que venían a la Universidad, alemanas, francesas y gringas, le temían a la salsa y te preguntaban que si picaba, y es que te veían echarle a los burritos y a los tacos enormes cucharadas de salsa para luego comer con deleite esa atrocidad, e insistían: ¿pica?, y respondías que poquitou, y te morías de risa viéndoles brincar, como potros castrados, con ese fuego que nadie, sino un mexicanou, puede consumir.

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Las visiones del árbol del espanto

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

I

La clase estaba conformada por gente vario pinta: la mayoría de los ahí reunidos éramos personas más bien extravagantes: borrachos, pendencieros, poetas con pinta de astrólogos, nerds y marineros que habían venido, a través de las brumas y de las tormentas, desde las regiones de los sueños olvidados.

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Mabel

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

Se llamaba Mabel; era un bar que se titulaba la Bola 8; toda esa masa de subnormales se ponían a ver el fútbol, o el béisbol, o esas cosas que le gustan a los plebeyos: yo iba para sentirme solo, para beber y fumar a lo pendejo, para admirar, desde los fríos ventanales de cristal, el paso de los automóviles por el Periférico de la Juventud. Seguir leyendo

El Cinturita

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

Carlos Miguel Gutiérrez (cómo le encabronaba que le dijéramos Gutierritos), indio de a madre, se sentía hecho a mano porque era delgado y tenía una cintura muy definida, misma que aderezaba con un cinturón militar que llenaba de bastoncillos retráctiles (PTR), de esposas, de gas pimienta y de su Libro Vaquero; para entonces yo tenía un negocio, un kiosco de lotería en Soriana Saucito y si bien el baboso me veía llegar, todos los putos días, a abrir el changarro, el bato siempre me pedía identificación y mi clave de locatario. Seguir leyendo

Cristal

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

La fiesta agotó sus posibilidades y los últimos convidados desaparecieron. César esperaba, impaciente, el vacío de la estancia. ¿Qué era tan importante? ¿Por qué razón Alberto no podía esperar hasta mañana, cuando las burbujas del alcohol dejasen de fluir en su cerebro?

Alberto abrió la puerta de su estudio y, como un personaje de Óscar Wilde, extrajo un largo y fino cigarrillo, pues fumaba con placer de sibarita. Seguir leyendo

El horrible caso del doctor Carvajal y su extraordinario informe de los espeluznantes androartrópodos

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

En vista de los hechos catastróficos que amenazan a la especie humana y en mi calidad de testigo “privilegiado” de los primeros brotes de la epidemia, me he decidido a rendir el informe requerido por las autoridades de este Gobierno Provisional del Refugio Ártico, a pesar de los serios trastornos que esto me ocasiona y con la esperanza de que las siguientes líneas puedan arrojar una luz sobre las causas del fenómeno. Seguir leyendo

Mi padre, don Carlos Vázquez, unleashed

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

Papá siempre tuvo ese rostro hierático, mal humorado; a veces se iluminaba su rostro adusto con una sonrisa y era como ver los rayos del sol penetrando, rayito a rayito, un bosque oscuro; pero jamás pudo vencer la oscuridad que lo atormentaba y si bien se la pasaba sobrio la mayor parte del año, a veces le daba duro a la botella; al principio era encantador; pero luego se iba volviendo un ser terrible, lleno de sombras y fantasmas. Seguir leyendo