Por: Juan Manuel Campos Ornelas
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El reloj despertador sonó a las 2:30 a.m., era la hora de dejar Internet e irse a dormir ya que al día siguiente entraba a las 8:00 a.m. a trabajar… y los ojos le ardían. Continuar leyendo
Por: Juan Manuel Campos Ornelas
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El reloj despertador sonó a las 2:30 a.m., era la hora de dejar Internet e irse a dormir ya que al día siguiente entraba a las 8:00 a.m. a trabajar… y los ojos le ardían. Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
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—Hijo, bájale a las tortillas: te estás poniendo gordo —dijo mi mamá y yo me enojé.
—¿Qué? ¿Gordo yo? ¿Pero qué te pasa, mamá?
—Bueno… llenito. Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
A los compadres don Lupe y don Remigio se les había ocurrido irse a Monterrey: recientemente divorciados, tenían buenas referencias acerca de las putas regiomontanas, así que decidieron partir: Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
“Qué tiempos tan frustrantes fueron aquellos años: tener el deseo y la necesidad de vivir; pero no la habilidad”.
Charles Bukowski, La senda del perdedor
Su rostro era tosco y, aunque de piel clara y con lindas pecas, ella tenía facciones de una bárbara totonaca (perdonen el pleonasmo) y a pesar de ello, o quizá por ello, me gustaba. Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Luego de las aventuras referidas en el relato “La tierra es hueca” el rey Juan Carlos I de España, Allan Quatermain, Chuck Norris y Ratón Malo nos dirigíamos a Hispania, ansiosos por alcanzar la cena de Noche Buena. Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Raúl Almanza, alías el Chumba; César Alonso González Caballero, mi compa de la infancia (quien ha crecido demasiado y ya se vuelve muy problemático hacérsela de pedo) y Ratón Malo nos encontrábamos bebiendo cerveza en mi casa (aprovechando que mamá andaba de vacaciones y que había mandado a Alfred, mi mayordomo, a un encargo en una dimensión alternativa) mientras mirábamos videos musicales en You Tube. Continuar leyendo
Por: Jesús Chávez Marín y Elko Omar Vázquez Erosa
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Tía Esperanza me llamó histérica. Yo era un estudiante pobre y arrimado en aquella vieja casona destartalada. Tía Esperanza estaba aterrorizada porque la tapa de la taza del baño se agitaba y ella cayó desmayada. Una rana con un ojo saltó del váter, y me dijo: Continuar leyendo
Por: Maribel R. y Elko Omar Vázquez Erosa
I
El caballero Brandán, convertido en castellano, se encontraba con su paje, el ratoncillo Ramón, bebiendo los buenos vinos de la tierra y comiendo opíparamente en uno de los salones del castillo. Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Lo siento, siempre sí me quedaba una pluma entre los tiliches; de otra forma me hubiera dado pereza y jamás se me ocurriría encender la “compu” para escribir tan relucientes palabras y ellas, huérfanas de mí, tendrían que haberse hecho adoptar por un genio futuro. Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Goethe estaba irreconocible: agarraba a patadas al pobre viejo malagradecido y, pese a que el anciano ya había mordido el polvo, Goethe se ensañaba con sus pellejos y su lamentable esqueleto, cuyas máximas tanto citan los «abogangsters» y otros individuos —incluso clérigos— poco o nada recomendables. Continuar leyendo