El monstruo del Internet

Por: Juan Manuel Campos Ornelas

El monstruo de Internet

I

El reloj despertador sonó a las 2:30 a.m., era la hora de dejar Internet e irse a dormir ya que al día siguiente entraba a las 8:00 a.m. a trabajar… y los ojos le ardían.

—¡Maldita sea! ¡Ya me tengo que dormir! Tomaré una píldora pues de lo contrario no pego el ojo en toda la noche.

“G” cerró You Tube y los programas que tenía abiertos en su computadora y enseguida la apagó; se quedó un momento mirando la pantalla en negro, pensando:

—Ya empezó este pedo, es inminente que los extraterrestres vienen a este planeta y al parecer no es con buenas intenciones: los culeros nos quieren esclavizar, pronto vamos a vivir como las ratas o las cucarachas, en las sombras y en cualquier agujero en el que podamos meternos; el hombre en su soberbia caerá y por primera vez seremos presas y no depredadores.

“G” se talló los ojos y se dirigió al baño todavía murmurando entre dientes lo que por su cabeza pasaba. Ya enfrente del espejo abrió la puerta del tocador y destapó un frasco del que tomó tres píldoras, se las tomó juntas con un sorbo de agua de la llave, levanto la cabeza y se miró al espejo:

—¡Puta madre! ¡Que carita! Todo es una mierda, todo es una pinche ilusión, odio el puto sistema, odio al puto mundo, odio a la gente. ¿Por qué todos tenemos que hacer lo mismo? La pinche ciudad parece una colmena, vivimos como insectos devorándose los unos a los otros y al parecer nadie se da cuenta.

“La gente camina por las calles con los bolsillos vacíos, al igual que sus estómagos, pero eso sí, con una pinche sonrisota; no sé por qué chingados se sonríen si todo está de la mierda.”

“Se contentan con llegar a casa y ver la programación mediocre, con su Coca-Colota sin darse cuenta de que son víctimas del consumismo y de los putos comerciales de la tele, ¡no mamen! Pero pronto todos despertarán y verán con horror la verdad y toda esa pedantería de la humanidad se derrumbará ante un nuevo orden, eso si no somos exterminados.”

“G” dio un fuerte puñetazo al espejo partiéndolo en mil pedazos, se talló los enrojecidos ojos y se dirigió a la cocina rascándose el trasero adolorido por las largas horas pegado a la computadora.

De la alacena sacó un especiero con un poco de marihuana en su interior, tomó un poco y la depositó en su pipa, que extrajo de su bolsillo.

—“Bendita weed” —mientras daba fuertes jalones a la pipa se dirigía a su solitaria cama.

Se acostó mirando hacia una cuarteadura que estaba en el techo dando jalón tras jalón a su pipa; se acordaba de que no había cenado, pero que “weva” levantarse a esa hora a comer; poco después se quedó dormido sin darse cuenta: el reloj ya marcaba las 3:30 a.m.

II

—¡El gaaasss! ¡El gaaaaaassssss! ¡El gaaaaaaaaasssssssss!

—¡Su pinche madre! Voy a bajar y le voy a partir la cabeza a ese cabrón con sus gritotes. ¿Qué no sabe que la gente decente dormimos tarde? ¡Puta madre! ¡Ya son las 11:00 a.m.! Me quedé dormido, ¡no mames!

“G” dio un brinco para levantarse de la cama y lo primero que hizo fue tomar su celular, marcó al número de su jefe e hizo una pausa para pensar qué le diría:

—Qué le digo ahora a este cabrón? Ya no me cree nada el pinche “Godínez”.

Terminó de marcar el número:

—Hola, mi George, ¿cómo estás? Sabes que no pude llegar a tiempo…

—¿A tiempo, cabrón? ¡Si ya son las pinches 11:00, no son los 15 minutos de regla “wey”! ¡Son tres pinches horas!

—¡”Pérate”, mi George! Es que el pinche metro… ya sabes, cabrón, siempre con sus chingaderas…

—Nada, “wey”, ya son muchas, cabrón, te me vas a la verga y no te presentes en tres días, cabrón, a ver si así aprendes a respetar tu trabajo y a tus compañeros; esto lo voy a pasar allá arriba para ver qué deciden ellos: yo ya me cansé de dar la cara por ti, cabrón. ¡Bye!

Piiiiiiiiip…

—¡Mi George, “pérate” “wey”, es “neta”!..

“Pinche Godínez, me colgó el culero: “¡Respeto a tu trabajo, respeto a tus compañeros!” ¡A la mierda su puto trabajo y los putos compañeros! Como si pagaran tan bien los culeros, malditos explotadores de mierda, lo quieren exprimir a uno hasta lo último estos pinches vampiros.”

“Eso son: unos pinches vampiros que lo único que quieren es verte agachar la cabeza y ver como se pasa el tiempo viéndote las arrugas en tu cara. Creen que lo que hacen es importante y no lo es. ¿A quién le importa si un fotógrafo no va a trabajar? El mundo no se acaba por eso: hay guerras, hay hambre, están por invadirnos los putos marcianos y estos pendejos chingando…”

“G” buscó su pipa, la prendió y le dio un fuerte jalón.

—¡Los de arriba! ¡Me la pelan esos culeros! Me podrán correr, si quieren; pero no harán que caiga en su juego, ¡éste es mi juego y yo dicto las reglas! Pronto no habrá más “los de arriba”: todos seremos “los de abajo”.

“G” se encaminó al escritorio donde tenía su computadora y todavía con la pipa en la boca se quedó parado frente a ella, dando grandes bocanadas.

—Voy a seguir investigando, aprovecharé estas mini vacaciones que me dieron estos culeros para llegar al fondo de este asunto; ya son muchos los videos de evidencias sobre naves que rondan alrededor del planeta y todo mundo tan tranquilo, hasta parece que no pasa nada, sólo los gobiernos lo saben pero hacen todas sus operaciones en secreto y mientras a nosotros nos engañan distrayéndonos con cualquier cosa que pase en la sociedad… ¡pendejos!

“G” prendió su computadora a la vez que sentía un dolor en el estómago: recordaba que tenía que comer. Lanzó una maldición y se dirigió al refrigerador, en cuyo interior sólo había un galón con agua medio vacío, o medio lleno, como lo quieran ver, eso vale madres, un pedazo de pizza duro y unas latas de cerveza; tomó el pedazo de pizza y le dio un mordisco.

—¡”Guácala”! Esto sabe a mierda —dijo mientras escupía el bolo en el lavabo. Tomó una cerveza y se la empinó casi hasta el fondo.

¡Ahhh! Esto sí está con madres, ahorita voy a la tienda a comprar algo pa’ tragar.

Se dirigió a su silla frente a la computadora en intentó meterse a Internet.

—¡Mierda! ¿Qué pasa? Pinche Internet, no empieces con chingaderas.

“G” Se metió a la compu para ver la conexión y estuvo un rato viendo por qué chingados no había internet. “G” siguió “checando” los cables para ver si estaban bien conectados al módem y todo parecía bien; ya desesperado abrió la caja de donde sale la línea, la que va pegada a la pared.

—¡Ah, cabrón! ¿Qué es esto?

Al abrir la cajita notó que algo estaba alrededor del cable, algo cristalino y viscoso.

—¿Pero que mierdas es esa cosa? Parece silicón o algo así, ¿será eso lo que la está cagando y por eso no hay Internet?

Con sus manos “G” intentó quitar aquello; pero no podía, la cosa era muy pegajosa y se le quedaba pegada a los dedos; lo intentó largo rato con pinzas y otras herramientas y tampoco. “G” maldecía descontrolado y aventaba todo lo que podía.

Después de un rato de luchar agarró su celular y marcó un número.

—Oye, “wey”, ¿tienes Internet?

—¡Nooo! ¡No mames, “wey”, yo tampoco!

—¿Tu vecino tampoco?

—¿”Pos” que chingados está pasando?

—Voy a ver al ciber que está abajo a ver si esos “weyes” tienen, “cámara”!

“G” bajó al ciber casi corriendo y lo que se topó lo paró en seco: unos cinco cabrones sacudían y jaloneaban al pobre dependiente, reclamándole la falta de Internet. A “G” le pareció que los tipos que jaloneaban al desdichado dependiente tenían los ojos como cristalinos; no le dio importancia y pasó de largo, ignorando el hecho de que los tipejos empezaban a golpear tupidamente al dependiente.

“G” tomó su celular y marcó:

—Oye “wey”, es un caos en el ciber, tampoco hay Internet… ¿Que las noticias qué? ¡A cabrón, pinches noticieros, no creas nada¡ “Ai” te marco, “we”, voy a ver qué pedo, “cámara”.

“G” regresó corriendo a su departamento y prendió el televisor: estaba Adela Micha dando las noticias de última hora; decía que en todo el país no había señal de Internet y que de acuerdo a una fuente de información podría ser un acto terrorista del Estado Islámico de alcance global y bla, bla, bla.

—¡Pinches noticias! ¡Puro pedo!

“G” volteó a ver la cajita que hacía unos momentos había dejado abierta y lo que vio le hizo dar un brinco pa’ trás.

—Ah chingado, ¿qué es eso? ¡No mames!

La cosa gelatinosa había crecido de tamaño, tanto que ya abarcaba toda la cajita y al parecer su viscosidad era la misma; pero esta vez “G” arrugaba las narices por un olor extraño, que sin duda salía de esa cosa.

—Apesta esa madre y no es normal, ¿qué chingados está pasando?

Con cautela “G” se acercó a la cosa y con su pipa le dio unos piquetes para ver si había alguna reacción; al no obtener ninguna respuesta “G” prendió su pipa y dio varias bocanadas. Tapándose la nariz una vez más intentó quitar aquella cosa que salía de la cajita de la conexión a internet; pero no lo consiguió.

De pronto “G” abrió muy bien los ojos al recordar algo y tropezando se dirigió a su computadora, frente a la que tomó asiento, abrió una carpeta que decía “X Files”, donde tenía un centenar de videos bajados de You Tube sobre avistamientos ovnis y entrevistas de gente que decía haber sido abducida por extraterrestres.

—¡Lo sabía! Ya está pasando.

“G” volteaba a ver la cosa a cada rato, nerviosamente: reproducía un video de un ruso que decía que el Internet era una trampa de los gobiernos, que por eso querían que fuera gratis para todo mundo y que cada hogar debería tener acceso sin trabas, que los gobiernos del mundo tenían contacto con extraterrestres para hacer una invasión vía Internet con el fin de acabar con las masas hasta que sólo quedaran las élites mundiales, los Illuminati y mamadas de esas.

—¡Lo sabía, lo sabía! ¡Malditos gobiernos! ¡Internet gratis! Eso ya era mucho para ser cierto nomás porque sí; sabía que había algo oscuro detrás del asunto.

En eso estaba “G” cuando escuchó un fuerte choque que provenía de la calle y luego gritos y más gritos; se levantó maldiciendo y se asomó por la ventana: vio un accidente de autos y mucha gente corriendo por la calle, una señora salía de su casa con el palo de las tortillas moviéndolo en círculos por los aires corriendo hasta perderse de vista. El caos se escuchaba desde más lejos: “G” se metió y agarró su celular.

—Oye “wey”, ¿qué está pasando? Ya me estoy asustando, “we”, tengo aquí una cosa que sale por el cable de Internet… ¿Tú también?.. ¿Cómo que se comió a tu perro? ¡No mames!

Al otro lado del auricular una voz histérica casi le revienta el tímpano a “G”:

—¡Sal de ahí, pendejo! ¡Corre ya! ¡Yaaa!

—¿Rodrigo? ¿Rodrigo?… —insistía “G”, ansioso—. ¡Puta ma! ¡No manches!

“G” corrió al refrigerador, agarró una cerveza, se colgó la cámara y, mientras salía de la habitación, vio que la cosa ya era del tamaño de un balón de básquetbol y hacia palpitaciones leves.

De pronto “G” se detuvo en las escaleras y regresó, con la cámara empezó a darle golpe tras golpe a la cosa sin causarle algún daño aparente; se le ocurrió jalar el cable del Internet hasta arrancarlo y la cosa emitió un chillido que hizo a “G” taparse los oídos por un instante; luego salió dando trompicones y por fuera empezó a jalar el cable hasta arrancarlo todo: del extremo que sostenía “G” salía una luz blanca, muy luminosa.

—¿Pero qué madres?

“G”arrojó el cable a un lado y entró al depa: la cosa viscosa era casi de su tamaño y tenía una luz en su interior: emitía chillidos y rodaba de un lado a otro dándose golpes y dejando manchas viscosas por todos lados; al fin se detuvo y se desinfló como una pelota, dejando una horrible pestilencia.

“G” sacó a patadas aquella cosa pestilente y dio un portazo; recargado en la puerta se percató de que todavía traía la cerveza en la mano, la abrió y la terminó de un trago.

—¡No más Internet!

Se acercó a la ventana y contempló el advenimiento de una nueva era: el mundo, como lo conocíamos, había cambiado radicalmente y ya nunca sería igual otra vez; el caos era absoluto.

—Lo mejor por ahora será quedarse en casa —se dijo—. ¿Qué pensará ahora “Godínez” de sus tres pinches días de descanso? ¡Ja! Se los dije, culeros.

Eso razonaba “G”mientras la ciudad se consumía entre llamas y la tarde caía.

 

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