Las infinitas razones para odiar el periodismo

las infinitas razones para odiar al periodismo

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

Con algunas descripciones de su fauna nociva

Ser periodista es tomar la librea del criado y pasearse ufano por la plaza. Es zaherir a don Quijote en el nombre de Sancho Panza y optar por una religión, por una moral de esclavos en lugar de realizar un ideal. Ser periodista es convertirse en un obrero a destajo de las letras. Continuar leyendo

Un espadachin en Merida

un espadachin en merida

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

En los viejos tiempos las mujeres eran muy recatadas y apenas mostraban un poco los tobillos, las manos y el rostro, no como en estos días en que las muchachas, trepadas en unos tacones vertiginosos, lucen unas minifaldas cardíacas y unos escotes que dejan sin aliento a los sufridos varones. Continuar leyendo

Duendes en el frigorifico

principe nevera

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

Cada vez que voy al refrigerador me pregunto si terminaré atrapado en un mundo fantástico lleno de monstruos, soldados, caníbales con cabeza de champiñón, selvas de frutas, verduras gigantes y otros paisajes imposibles que podrían ir a peor si tomamos en cuenta que en algún rincón de la nevera que desafía las leyes del tiempo y el espacio merced a ciertos principios de la física cuántica que sería enfadoso explicar aquí yacen seis latas de cerveza que no encuentro desde hace dos años. Continuar leyendo

¡Te pasaste de lanza!

te pasaste de lanza

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

La ociosidad es la madre de todas las artes, según reza el adagio.

Lo cierto es que me habían reprobado y sólo tomaba dos clases en la Universidad. No tenía dinero, pero mi amigo César Alonso González Caballero me hacía fuerte y todas las tardes llegaba con dos canastitas —lindas como tiestos de flores— en las que tintineaban alegremente 12 envases de cerveza, que inmediatamente procedíamos a llenar en el expendio de bebidas espirituosas más cercano. Continuar leyendo

Alger Erosa, un dios del rock

 

Mi primo Alger (derecha) me mira (izquierda) preguntándose sobre los insondables designios de los dioses que, en su capricho, le han mandado un demente como primo

Mi primo Alger (derecha) me mira (izquierda) preguntándose sobre los insondables designios de los dioses que, en su capricho, le han mandado un demente como primo

Cuando mis padres me llevaron a Chihuahua, tan lejos de Dios y tan cerca de los gringos, como diría don Porfirio Díaz, dejé de ver a mi querido primo Alger durante seis largos meses. Al encontrarme de nuevo con él fue tanta mi emoción que me saqué de la boca el chicle que mascaba y se lo pegué en la frente. Continuar leyendo