¿Niña o niño?

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

niño o niña 1

Gonzalo y Aimée se presentaron en la casa de doña Gertrudis, madre de Aimée, para que los acompañara con el médico, quien les daría a conocer el sexo de su primogénito y, una vez en el consultorio la secretaria, Natalia, les dijo:

—El doctor Verdugo los recibirá en un momento. Continuar leyendo

Luna bermeja

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

luna bermeja

Como sombras chinescas, como helados cuchillos del silencio que en costas lejanas y agrestes de la luna bermeja proyecta el resplandor escarlata, y en el olvido los grises fantasmas, meros jirones de niebla, vanas promesas en el velo desgarrado de los sueños. Continuar leyendo

La vena de lava

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

la vena de lava

Cuando trabajábamos en Televisa, Chihuahua, mi camarógrafo Juan Campos y yo fuimos comisionados para realizar la nota del Día de los Santos Inocentes. Treinta años atrás se había soltado un rumor en Chihuahua de que el Cerro Grande, emblemático de nuestra ciudad, estaba lleno de agua en ebullición y que estallaría en cualquier momento. Continuar leyendo

El regalo de Lovecraft

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

el regalo de lovecraft

Mientras me encontraba realizando un viaje de placer por el Rin le encargué a Alfred, mi mayordomo, que revisara mi correspondencia con el propósito de que no se retrasaran mis asuntos, sobre todo los relacionados con “Voluptuosidad es la palabra”; no obstante creo que haberle confiado tanta responsabilidad fue un error, como verá el lector al enterarse de los aterradores hechos que narramos a continuación: Continuar leyendo

La decima musa

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

la decima musa

I

Despertó, en medio de sus súbditos muertos, como hacen las avispas reina. Ella era toda de nieve, blancura sin mancha con tenues giros de rocío.

Abrió los ojos entre los raídos cortinajes de su lecho y desde las sombras rojas de su pelo gritaron mitológicos amantes. Continuar leyendo

Acerca de los concursos gastronomicos

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

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Cuando contemplo las fotografías de sir Winston Churchill siempre me digo que un día de estos debería lucir así de satisfecho y orondo, todo un bon vivant, y no es que me falte mucho. Lo cierto es que resulta inspirador saber que el tío consumía alrededor de nueve puros diarios y una botella de whisky diariamente, se servía una cena pantagruélica y todavía se dio tiempo para escribir deliciosas páginas históricas, pintar algunos cuadros y de paso salvar lo que quedaba del Imperio Británico. Continuar leyendo