No se admiten perros, ni mexicanos

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

Fotografía por: Ricardo Vázquez Erosa; modelo: Elko Omar Vázquez  Erosa

Fotografía por: Ricardo Vázquez Erosa; modelo: Elko Omar Vázquez Erosa

Papá era casi tan guapo como yo: diríase una versión morena clara de este Apolo redivivo. Continuar leyendo

El sapo de William S. Burroughs

 el sapo de william s burroughs

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

William S. Burroughs despertó con una resaca terrible. Unos días, o una eternidad atrás, había vendido una de sus pistolas para procurarse algo de droga, que finalmente se había terminado, por lo que su amante en turno, un magrebí más enganchado a la heroína que él mismo —si es que eso era posible— lo había abandonado. Continuar leyendo

La piñata

Por: Maribel R. y Elko Omar Vázquez Erosa

piñata

Gracias a que sus padres trabajaban en una aerolínea muy importante Isabel y Pedro viajaban con holgura entre España y México y al llegar las vacaciones de diciembre se decidió que las pasaran en este último país donde sus madres organizaron una de las tradicionales fiestas navideñas a las que se conoce como posadas y que, según se dice, fueron creadas para competir con los festejos que los aztecas realizaban en honor a Huitzilopochtli, el dios guerrero. Continuar leyendo

Instrucciones para aprovechar a Benedetti

goethe

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

Las lámparas del techo parpadeaban, y es que ya se sabe que los pinches rusos, por muy avanzada que esté su ciencia, siempre tienen unos horribles laboratorios de concreto en los que se basan los edificios públicos de México y otros países todavía más jodidos, además de que siempre gotea un lavabo, el vater se encuentra atascado y lleno de mierda, el guardia bebe vodka o algo así, o por lo menos es lo que sale en las películas de Hollywood. Continuar leyendo

Acerca de los antropólogos

acerca de los antropólogos

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

En México (no sé en otros países) los antropólogos son tan abundantes como la mierda y todos están cortados con la misma tijera. Visten ponchos, pantalones de mezclilla sucios, usan unas barbas enmarañadas y pontifican acerca de las virtudes del marxismo mientras beben vinos caros en restaurantes y bares de moda y sueltan perlas como: Continuar leyendo