Instrucciones para aprovechar a Benedetti

goethe

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

Las lámparas del techo parpadeaban, y es que ya se sabe que los pinches rusos, por muy avanzada que esté su ciencia, siempre tienen unos horribles laboratorios de concreto en los que se basan los edificios públicos de México y otros países todavía más jodidos, además de que siempre gotea un lavabo, el vater se encuentra atascado y lleno de mierda, el guardia bebe vodka o algo así, o por lo menos es lo que sale en las películas de Hollywood.

El paciente HRZL894510ABZ-3491-XC abrió los ojos: eran unos ojos terribles y relampagueantes, los ojos de un hombre que descendía de los olímpicos.

El paciente HRZL894510ABZ-3491-XC estaba encabronadísimo.

Se trataba ni más ni menos, que de Johan Wolfgang von Goethe, quien volvía a la vida merced a una muestra de semen capturada en un antiguo camafeo y a los secretos avances de la ciencia que sería muy pesado relatar aquí.

—¡Mein Got! —rugió el genio.

—¡Maestro! Usted se encuentra en el año…

—¡Ya lo sé, imbécil, ya lo sé! Hasta una bola de simios como ustedes tenían que descubrir este secreto. ¿Qué ha pasado con el mundo?

El doctor Dimitri Steklov, un tipo flaco, de esos que tienen las piernas de grillo (las rodillas se doblan hacia atrás en un ángulo imposible) flaco y panzón, con dientes amarillos, facciones mongólicas y una horrible barba de chivo a lo Lenin (que Morrigan lo mastique eternamente) se acercó poniendo cara de chico listo y dijo:

—Paciente HZRL894…

—¡Arschlog! ¿Qué ha pasado en el mundo?

El maestro se levantó y las blancas sábanas del catre de hospital cayeron grácilmente. Aquello que tenía entre las piernas se balanceaba obscenamente: el doctor Dimitri Steklov no podía apartar la vista de ese péndulo que, como ya hemos dicho, se balanceaba, obscenamente.

Eso lo sé porque el encargado de seguridad, Pavlov Popov tiene el video y mira todas estas escenas, una y otra vez, hasta la obsesión.

El doctor Dimitri Steklov se compuso y dijo:

—Paciente HZRL894510ABZ-3491-XC, es mi deber informarle que…

Dimitri Steklov recibió un bofetón que casi le arrancó la cabeza.

—¡Si me vuelves a decir así te voy a patear el… hasta que la mier… se te salga por la boca, además te voy a…

Lo siguiente que dijo el maestro ha sido clasificado por los servicios secretos de Rusia, lo cierto es que Dimitri Steklov recibió otro bofetón que nuevamente casi le arranca la cabeza.

Lo más feo es que el maestro brincó sobre el catre y aquello que tenía entre las piernas le bailaba obscenamente y el doctor Dimitri Steklov no podía quitarle los ojos de encima.

—¡Informe! —rugió el maestro.

—La ciencia ha avanzado hasta descifrar el genoma humano, se han lanzado satélites al espacio, el hombre llegó a la luna, entre las amenazas modernas se encuentra el ébola, la comunidad europea tiene aguacates baratos, el expresidente de México, Vicente Fox Quesada, quien usaba botas, ha sido…

El maestro, harto de escuchar tamañas estupideces le dio otro bofetón a Dimitri Steklov (que nuevamente casi le arranca la cabeza).

—¡Vixer! ¡Behinder! ¡Poesía, carajo! ¡Poesía! ¿Qué ha pasado con la poesía? ¡Lo demás no importa!

En sus años mozos el doctor Dimitri Steklov (quien no le podía quitar los ojos de encima a esa cosa obscena que colgaba entre las piernas del maestro), durante un viaje de adoctrinamiento, se había conseguido —por algún accidente cósmico y gracias a una momentánea pérdida de autoestima de la próximamente citada— a una oaxaqueña bigotona que le había regalado un librito de Mario Benedetti, que el doctor guardaba en su maletín como una cosa preciosa, y es que hay gente que tiene tan horribles gustos: su nombre es legión.

—¡Maestro! —dijo Steklov mientras sacaba su ejemplar seboso y se lo entregaba, con reverencia, al maestro.

Johan Wolfgang von Goethe, amado por los dioses, pidió una botella de vino, su rostro se relajó y, saboreando de antemano la lectura, abrió el libro.

Steklov estaba orgullosísimo.

Según refieren los servicios secretos de Rusia el maestro comenzó a azotar sillas, mesas y otros muebles contra las paredes de concreto del complejo de investigación, secuestró a una enfermera de bastante buen ver (uf, ya saben cómo era el maestro) a quien dictó Las cuitas de Werther, parte dos, le quitó un broche del pelo a la enfermera y se suicidó, privándonos, una vez más, de su genio sublime.

Las cuitas del joven Werther, parte dos, han sido clasificadas, toda vez que hablan del futuro suicidio de la humanidad y todo el que las lee se quita la vida (comenzando por la enfermera).

Voluptuosidad es la palabra se ha dado a la tarea de localizar dicha información pero sólo ha conseguido de Julian Assange (a quien le cambié una estampita del Santo de los años 80, que le faltaba) algunos fragmentos con las instrucciones que dejó el maestro acerca de cómo aprovechar las lecturas de Mario Benedetti, textos fragmentarios que a continuación compartimos para beneficio de la humanidad y con peligro de mi vida por andar revelando secretos de estado:

Han descendido al nivel de los mandriles, quizá por leer tantos periódicos, como alguna vez pronostiqué. Pintan en las paredes títulos de canciones populares y le llaman “acción poética”, como si supieran qué es una acción poética (ejemplo: amar a una mujer sin medida, cagarse en la propia carrera profesional en aras de la poesía, escribir un leid en medio de un incendio o una tormenta, en fin).

Lo anterior se comprende porque el vulgo siempre será rastrero, pero he leído a un tipo con cara de perro faldero que gracias a los dioses ya se murió, pero escribió sus horribles ocurrencias hablando de verrugas y de otras cosas que en mis tiempos únicamente referían las lavanderas viejas, maliciosas y amargadas: si éste es el gusto literario actual debo decir que la humanidad no tiene remedio.

No obstante dejaré algunas instrucciones para aprovechar a Mario Benedetti, mismas que anoto a continuación:

Debe utilizarse el arte de arrancar páginas de libros, una vez hecho ello se procederá a arrugarlas una y otra vez a fin de que adquieran una textura suave que permita limpiarse el culo y que se vaya, sin atascos, por ese invento moderno llamado váter…

Además os dejo este link

Aquí terminan los apuntes del maestro.

 

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