La botella encantada del satánico abuelo del pobre de Jaimito

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

Rosalinda abrazó por séptima vez a su hijo y volvió a recomendarlo al abuelo.

—Se lo encargo mucho.

—Ve sin pendiente, hija —contestó el anciano con una sonrisa maliciosa—, el chamaco sabe las reglas de la casa y no creo que dé mucha lata.

—Papá, se lo suplico, no vaya a ser demasiado severo. —Anda, anda, hija, qué mujer tan “preocupona” te has vuelto.

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Consideraciones filosóficas en torno a las hamburguesas

Con algunos comentarios por parte de Gengis Khan acerca de la necesidad de preparar salsas bien condimentadas

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

Como ya he comentado en una de mis crónicas, absolutamente verdaderas (consúltese El secreto de Tory´s Burger, disponible en este mismo blog) mi amigo Toribio hizo su fortuna como el amo indiscutible de las hamburguesas, no sólo de Chihuahua, sino de todo el mundo, luego de atrapar a un chaneque a quien le arrancó, a punta de golpes, la receta para preparar la carne. No te dejes llevar por imitaciones chafas. Si comiste las Deli Burger y te causaron adicción las Tory´s Burger serán tu perdición, además de que Toribio es una persona tan amable y tan querida por todos que sería imposible dejar de consumir sus burger.

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Apuntes de agosto a septiembre de 2019

Apuntes de agosto a septiembre de 2019

Por: Luis Arcas González

17 de agosto de 2019

A lo largo de nuestra prehistoria y nuestra historia los humanos hemos creado normas de convivencia: edictos, leyes, códigos, etc.

Curiosamente la legislación siempre ha ido por detrás de la necesidad de legislar y me pregunto: ¿cómo no elegimos a candidatos con esa visión de futuro que previeran el futurible de gentes que pudieran incumplir la norma aún no existente y por tanto crearla antes de su incumplimiento? De esta manera se podrían poner los remedios antes de los males: Continuar leyendo

El secreto de Tory’s Burger

(Especial de Noche de Brujas)

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

I

Cuentan las malas lenguas, y de esas hay muchas, que allá por el siglo XVIII vivía en la verde Erín un granjero cicatero, borracho y pendenciero de nombre Jack quien, debido a su gusto por la botella, era más asiduo a la taberna que a las labores propias del campo y a raíz de tales aficiones Jack generalmente se encontraba sin blanca.

—¡Oye, Bob! ¡Anota en mi cuenta otra botella de whisky! ¡Del escocés, y no de ese infame aguardiente de patatas que me llevas sirviendo toda la noche! —gruñó el buen Jack. Continuar leyendo