Tenía a una vieja más fea que pegarle una patada en los huevos a Dios

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

Mi vecino Bernie se creía cazador: era un tipo blanco; pero hablaba como los cubanos:

—O´e shico —y que la chingada. Continuar leyendo

De bergamota

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

Lo cierto es que la gente que toma té son puros maricones (seguramente son comunistas y apoyan la ideología de género y la ridiculez del lenguaje inclusivo, Wotan los maldiga): los machos, los “vatos” meros machos, tomamos café, con un chorrito de whisky, eso en el desayuno; más tarde unos nueve tragos de absenta, del hada verde porque, como diría Wilde, ¿cuál es la diferencia entre un atardecer y una copa de absenta?

Además los comunistas no son muy amigos de ducharse a diario.

El caso es que en la oficina (cuando andaba en oficinas porque ahora soy independiente y vivo de mis rentas) siempre me vieron haciendo mezclas con una bola de hierbajos y el licenciado, usualmente, me pedía que le preparara un té de mis horripilantes brujerías (me hubiera gustado meterle un poco de amanita muscaria para ver qué cara ponía; pero siempre preferí reservarla para mi uso personal).

—¿Y ahora de qué es, Elko?

—De bergamota.

Todos brincaron y se subieron a sus escritorios, espantadísimos.

—Además, fíjese usted en la marca: earl gray (el señor gris, que es uno de los nombres de Odín).

Nadie quería el té y yo me la pasaba, ufano, por toda la oficina, luciendo el enorme leviatán que habita entre mis piernas, mientras las chicas me aplaudían: ellas sí querían el té.

El caso es que….

Bueno, otro día les cuento.

 

El “vato” del Oxxo

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

I

Me encontraba frente al Facebook, escribiendo un montón de majaderías y peleándome con los comunistas mientras escuchaba The Valley, de Diary of dreams, cuando me di cuenta de que se habían acabado los cigarrillos y el licor.

Fui al Oxxo y habían puesto a un tipo feo, antipático y torpe: le pedí dos cajetillas de Marlboro Light, de esos cigarrillos chiquititos, una botella de aguardiente y unos cacahuates.

—Son 206 pesos —me dijo esa garrapata con un bigotillo espantoso —. ¿Traerá los seis pesos?

Sí que los traía; pero no me dio la gana dárselos. Continuar leyendo

“L” es un demonio, es el mismísimo Satanás

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

A “L”, un hombre robusto, de pequeña estatura, todos le teníamos un terror saludable; menos el licenciado Payán, quien era un necio absoluto y total.

Una vez “L” agarró, con todo y silla, a un grandote, en TV Azteca, y lo tiró, en esa silla con rueditas, por las escaleras, sólo por el placer de hacer el mal: el grandullón se puso a chillar y “L”, quien siempre tenía una sonrisa aterradora, nada más se reía.

Y “L” brincaba para golpear el rostro del grandullón, quien únicamente atinaba a chillar más. Continuar leyendo

Profundas reflexiones para resolver el problema indígena en México

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

 

Nota del editor: para no herir la susceptibilidad de los lectores se incluye a un chico caucásico en lugar de meter a un indígena, pues de lo contrario se rompería la estética del blog.

Publicar libros auto editados o, Dios no lo quiera, en una editorial universitaria o de gobierno, es no haber publicado, y es que esos libros están buenos para sostener la pata de una mesa coja, o para el calentón.
—”Oyes”, te pasas, “neta”.
—Lo siento, querido, es que como miembro de la izquierda exquisita soy… totalmente Palacio. Continuar leyendo

Rebeca

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

Edgar llevaba alrededor de 30 minutos con la vista fija en la esquina desconchada del salón de clases cuando una voz familiar pidió a la maestra que le suspendiera el castigo.

—¡Ay, Rebeca! —se quejó la señorita Blanco—. Dile a su mamá que necesita más disciplina y sobre todo…

La señorita Blanco siguió con una lista de actividades disciplinarias para Edgar, sin saber que Rebeca era su cómplice en muchas maldades. Continuar leyendo

Entre amigos

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

Entre amigos

Raúl Almanza, alías el Chumba; César Alonso González Caballero, mi compa de la infancia (quien ha crecido demasiado y ya se vuelve muy problemático hacérsela de pedo) y Ratón Malo nos encontrábamos bebiendo cerveza en mi casa (aprovechando que mamá andaba de vacaciones y que había mandado a Alfred, mi mayordomo, a un encargo en una dimensión alternativa) mientras mirábamos videos musicales en You Tube. Continuar leyendo