La Republica

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

la republica

Goethe estaba irreconocible: agarraba a patadas al pobre viejo malagradecido y, pese a que el anciano ya había mordido el polvo, Goethe se ensañaba con sus pellejos y su lamentable esqueleto, cuyas máximas tanto citan los «abogangsters» y otros individuos —incluso clérigos— poco o nada recomendables. Continuar leyendo

El grifo descompuesto

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

 

Si pones atención (por cierto la entrada del primer párrafo no lleva sangría, maldita sea: ¿qué voy a hacer con esta basura de blog?) el grifo descompuesto ejecuta una sinfonía de cristal.

En realidad las hadas del grifo descompuesto se portaban tan mal que terminaron en la cocina de los poetas malditos.

Los árboles me escupen sus hojas amarillas: lo malo de tener responsabilidades es que el otoño deja de ser poético y se vuelve una cuestión de aspectos económicos.

Continuar leyendo

Viajando de aventón

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

viajando de aventon

Paulino Manuel Gonzalo de la Garza Iturbe y Mont Blanc viajaba rumbo a la Sierra Tarahumara a bordo de su nuevo automóvil, que le había comprado «papi», cuando lo vio: se trataba de un jefe indio, recién emergido de las profundidades del bosque: el jefe llevaba calzón de manta, unos colguijes hechos de huesos, sandalias fabricadas con restos de neumáticos y cuero y en su rostro, curtido por cientos de soles e inviernos, se traslucía el silencio altivo de su raza. Continuar leyendo

Herencia maldita

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

herencia maldita

Mi tío, el vizconde de M[1]., luego de llevar una vida de calavera, como correspondía a uno de los descendientes de los grandes señores del Ancien régime, decidió heredarme toda su fortuna bajo la única condición de que la malgastara: caso contrario el Ratón Malvado recibiría todas las maldiciones de su estirpe, además de morir en la guillotina. Continuar leyendo

Acerca de los valores morales

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

acerca de los valores morales

Meditando, sobre la concatenación fenoménica del Universo, mientras fumaba unos excelentes cigarrillos de boñiga —baratísimos, eso sí— debo confesar que me parecen tan hermosas las campañas que por la ética y las libertades humanas se permiten los medios de comunicación, si bien tienen asuntos más interesantes qué realizar, como por ejemplo recoger las luminosas declaraciones de los políticos por cuya existencia jamás —y es que no nos alcanzaría la vida— jamás terminaremos de agradecer, y que Dios guarde durante muchos años a estos próceres. Continuar leyendo