Bécquer en la oficina

Becquer01

El gran poeta, Gustavo Adolfo Bécquer, grande entre los grandes, posando en traje de domingo en algún paseo de alquiler para fingirse un autor de éxito

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

Gustavo Adolfo Bécquer llegó a la oficina de Bienes Nacionales con una terrible resaca. La noche anterior había bebido un poco más de la cuenta y sus febriles pensamientos lo habían llevado a recorrer las calles de Madrid persiguiendo quimeras, rayos de luna y fantásticas visiones.

—¡Dios mío! —se dijo—. Es tan horrible la oficina, llena de rostros grises y de asuntos prosaicos.

Tomó un legajo de papeles y se dispuso a trabajar. Lo malo es que alzó la vista y vio a una linda mujer acompañada por un caballero ya mayor. Ella usaba un sombrerito adornado con cintas, era rubia y tenía ojos azules.

—¿Quién será esa mujer? —se preguntó—. Debe ser de la nobleza, y ese caballero su padre. Pobre de mí que no tengo recursos para cortejarla.

Gustavo se mesó los cabellos mientras pensaba.

—¿Cómo será su amor? ¿Cómo serán sus besos? Debe tener un alma poética que sin duda me conduciría a las cumbres del éxtasis.

“¡Ay! ¡Si ella conociera mi corazón! Nuestros espíritus vibrarían en una misma armonía, como las notas argentadas de un arpa antigua.

“Juntos tejeríamos tantos ensueños. ¡Es tan difícil encontrar un amor como éste! ¡Diríase una de esas mujeres legendarias que aparecen en los dramas del bardo! Como Ofelia, ¡sí!, como Ofelia.

Gustavo Adolfo tomó un documento y comenzó a dibujar en el reverso.

—¡No te abandones a la tristeza, amor mío!, que no te lleven las aguas de ese río. Piensa en este poeta que valora tus celestes pensamientos, tus…

Gustavo Adolfo sintió una mano en el hombro y escuchó que le preguntaban:

—Y, ¿qué es esto?

Ensimismado en sus dibujos Gustavo, sin volverse, explicó:

—¡Esta es Ofelia, que va deshojando su corona! Este tío es un sepulturero… Más allá…

De pronto Gustavo percibió el silencio que se había formado y volteó a ver a su interlocutor: era el director de la oficina que hacía un recorrido para ver si los empleados trabajaban como de ellos se esperaba.

—¡Aquí tiene usted uno que sobra!

Ese mismo día el poeta fue despedido.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s