Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Esa noche vinieron los fantasmas,
los vi en la esquina y corrí para ocultarme.
La puerta era de hierro:
le puse clavos, le puse barras;
pero los fantasmas golpearon con fuerza
y yo me derretía de miedo
y con cada uno de mis chillidos
ellos reían y reían
y sus voces resonaban,
me estallaban en el pecho
y me convertían
en una especie de molusco
que reptaba por las losas;
y así fue durante años, se disfrazaron
con las formas agudas de mi cuarto,
con muecas de mi imagen al espejo,
con crujidos, insultos y paisajes
que ellos derramaban sobre mí.
Llega el día, el miedo cansa
y nos ponemos a jugar
con muñecos de paja
que sacamos de lo incierto.

Pulsar imagen

