Recorriendo Morrigan

morrigan

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

La culpa se la tienen Robert E. Howard, Jhon Millius, Roy Thomas, Jhon Buscema (creador, director de la película, guionista y dibujante del cómic de mi héroe Conan el bárbaro, respectivamente), Homero, las novelas de caballería (que casi me volvieron loco, como a don Quijote), el Cancionero Español, Constantino Kavafis y mi hermana Alicia. Me explico:

Cuando yo era pequeño vivíamos en la planta alta de la casa de mi abuela y mis hermanos mayores, Carlos, Blanca y Alicia, leían cómics de la colección Domingos Alegres, con unos dibujos maravillosos, sobre todo los especiales de terror.

Muy pronto aprendí el alfabeto (gracias a mi mamá), pero las palabras seguían siendo indescifrables para mí así que molestaba a Alicia para que me leyera un cómic. Una o dos veces me complació hasta que harta me señaló uno de los globos de un tebeo.

—¿Qué letra es ésta?

—A.

—¿Y ésta?

—A.

—¿Y ésta?

—A.

—¿Qué dice ahí?

La miré sin comprender y ella, señalando las letras “a”, seguidas por varias “h” leyó, en el colmo de la impaciencia.

—¡Aaahhh!

Y es que el personaje gritaba ante la espantosa aparición de un esqueleto.

Los siguientes días le agarré el truco y mi mamá me llevó al centro de la ciudad a un puesto de revistas para que comprara el primer cómic de mi sola propiedad.

—¿Cuál quieres, hijo? —me preguntó mi mamá—. ¡Mira! Aquí hay uno de Tarzán.

Su entusiasmo me hizo subir la guardia. Pensé que quería darme alguna enseñanza moral así que me puse vivo y busqué otras opciones. En eso lo descubrí: a un lado del señor de los monos un tipo musculoso de negra cabellera, encabronadísimo, había sido amarrado a un poste frente a la playa: era Conan el bárbaro; una mujer con ropas desgarradas se encontraba encadenada a una roca y la figura amenazante de un gigantesco cocodrilo se cernía sobre ellos.

Además de la historia representada en la portada el cómic incluía una aventura del cimerio que era perseguido por una vampira desnuda (cuyos pechos medio se ocultaban tras sus largos cabellos) y su horroroso marido a lo largo de una ciudad en ruinas.

El bárbaro venía huyendo de unos asesinos a sueldo, uno de ellos con un cinturón en bandolera lleno de cuchillos.

Finalmente el muy despiadado se las ingeniaba para escapar conduciendo a los asesinos hacia los vampiros. Supongo que si hubiera cigarros en la Era Hiboriana Conan se hubiera detenido a contemplar el follón que había armado.

Luego vino la película de Conan quien, encarnado por el “Chuache”, peleaba contra un montón de guerreros en medio de unos menhires para luego enfrentarse con un jugador de fútbol americano, bigotón e igualito a Vercingetórix, a quien le rompía la espada y lo hería en el hombro (probablemente por el mal gusto de practicar tan patético deporte), en el cuello y en el vientre, derramando una cantidad maravillosa de sangre hasta casi salpicar la cámara. Sobra decir que esa escena la he visto miles de veces, literalmente.

Más adelante leí las historias originales de Robert E. Howard, la Iliada, un montón de novelas de caballería (reflejo del mundo celta), sobre todo La morte d´Arthur, de sir Thomas Malory; El caballero del león y El caballero de la carreta, del incomparable Chrétien de Troyes, así como el fascinante Tristán e Isolda, de Béroul.

Creo que fue Menéndez Pelayo (no me hagan mucho caso porque ando pedo) quien dijo que el Cancionero Español, al ser fragmentario, adquiría una belleza muy especial y una dimensión lírica que no se apreciaba de la misma manera en los cantares de gesta.

Y hablando de cantares de gesta mucha culpa se tiene Ruy Díaz de Vivar:

De los sos ojos tan fuertemientre llorando,
Tornava la cabeça í estávalos catando.
Vío puertas abiertas e uços sin cañados.
Alcándaras vázias sin pielles e sin mantos
E sin falcones e sin adtores mudados.
Sospiró mio Cid bien e tan mesurado:

–“¡Grado a ti, señor padre que estás en alto!
Esto me han buolto mios enemigos malos:”

Y se le aparece la niña, que le dice, la muy cabrona:

“Non nos osariemos abrir nin coger por nada;
Si non, perderiemos los averes e las casas,
E un demás los ojos de las caras.
Cid, en el nuestro mal vos non ganades nada;
Mas el Criador vos vala con todas sus vertudes santas.”
Esto la niña dixo e tornós’ para su casa.
Ya lo vede el Cid que del rey non avié gracia.
Partios´ de la puerta e Arlançon passava,
Fincaba la tienda e luego descavalgava.
Mio Cid Roy Díaz, el que en buena çinxo espada,
Posó en la glera cuando nol´ coge nadi en casa;
Derredor dél una buena compaña.

¡Puta madre! No he llorado tanto desde que leí la escena en la que Príamo le pide el cuerpo de Héctor a Aquiles. Gracias a Dios (Thor, por supuesto) existen los Kleenex.

El poeta griego, Constantino Kavafis, con sus versos breves, históricos y pseudo históricos (referidos por personaes poéticos o alter egos del autor) fue otro elemento para mi pócima de brujería pagana.

La diosa blanca, de Robert Graves, me permitió comprender mejor la naturaleza de las diosas de la antigüedad, que asisten al poeta. La lectura de Los celtas, de T. W. Rolleston, y de las historias universales de Jacques Pirenne y Carl Grimberg hicieron el resto.

Para algunos autores Morrigan o Carrigan es la antecesora de las rubias valquirias, pero a diferencia de las diosas nórdicas suele ser representada con cabellos negros (como el plumaje del cuervo, animal psicopompos en el que se transforma) o rojo sangre (color de cabello muy favorecido por los antiguos celtas).

Como muchas otras divinidades célticas Morrigan es una diosa ternaria, virgen, madre y anciana, con tres manifestaciones o diosas estrechamente relacionadas con ella y que dan nombre a los tres ambientes del libro: Badbh (el cuervo), Macha (la batalla o la hermosa, que para los celtas el caso era el mismo) y Nemain (la venenosa).

El símbolo del cuervo, la corneja o incluso el buitre se explica por ser Morrigan una diosa guerrera y estas aves son psicopompos, o sea que guían a las almas de los muertos a las tierras del más allá, toda vez que los celtas creían en la vida después de la muerte y consideraban honroso morir en el campo de batalla. Una vez concluido el combate se permitía a las aves carroñeras que se alimentaran de los caídos antes de disponer de ellos, por medio de incineración, entierro o ambas cosas.

El libro explora personajes de la Galia (Francia), celtas isleños (Irlanda) y celtíberos, de España, sobre todo de Galicia. Sí, soy descendiente de gallegos, ¿y qué? Sólo somos pendejos en los malos chistes mexicanos. De hecho el Conan histórico, en el que se inspiró Robert E. Howard, conocido como “Conan de las mil batallas”, era gallego. Por mí pueden meterse por el culo todos sus chistes de gallegos.

En el primer ambiente, Badbh, se aborda a la diosa en su encarnación de cuervo, a personajes y episodios históricos como Brennus (invasor de Macedonia y Tesalia), la reina Boudica (se pronuncia “búdica”), el rey Brian Boru, la caída de la ciudad de Numancia y los druidas.

También desfilan los dioses Samhain y Dagda, el héroe Cuchullain (se pronuncia cújulan, antes de que me albureen los pinches chilangos) así como el espino negro o endrino (blackberry), planta sagrada de la Morrigan.

En este ambiente el lector puede encontrar poemas como Brian Boru, 23 de abril de 1014 (Batalla de Clontarf) donde la Morrigan o Banshee (en su versión cristianizada y por lo tanto satanizada) se le aparece al mítico rey en la figura de la lavandera del río, signo inequívoco de una muerte violenta e inminente según las creencias celtas:

Al final los cascos de los caballos,
empapados de sangre,
brillaban como brasas.

En vísperas de la feroz batalla
Brian Boru, el alto rey de Irlanda
vio cómo la Banshee
lavaba los ropajes de sus hombres
hasta teñir de rojo
del agua la ondulante superficie.

El sol languidecía:
mientras huían, Brodir y los suyos
dieron con el anciano Brian Boru
quien alzó su espada y sembró de gritos
los oscuros rincones de su tienda,
antes de que la muerte lo encontrara.

Macha (se pronuncia “maka” o “maja”) es el segundo ambiente del poemario e incluye las figuras de tres grandes enemigos de Roma: el caudillo lusitano Viriato, el otro Brennus (invasor de Roma) y el gran Vercingetórix, además de las yeguas y caballos, animales relacionados con la diosa de la soberanía, Macha, y con otras diosas como Epona y Rhiannon.

En este ambiente nos encontramos poemas como Vercingetórix, 46 a.C. (que casi le gana a Julio César, si no es por la indisciplina de los galos y que en un último acto heroico, se entregó como prisionero para salvar a su pueblo, sufriendo martirio por parte del populacho romano):

Cargado de cadenas
el pálido fantasma de un guerrero
desfila ante la odiosa muchedumbre,
desfila ante la plebe socarrona
aquél que un día, bravo, se enfrentara
a las voraces águilas de Roma.

El tercer ambiente, Nemain, no menciona figuras históricas y se centra más que nada en efectos atmosféricos, estados de ánimo y sugestiones relacionadas con la diosa, como el siguiente:

Bajo las tejas cubiertas de musgo
acecho a los fantasmas que deambulan
soñando con la niebla en la distancia.

O éste:

Sobre el agudo filo de las lanzas
corres y gritas frenéticamente,
y tus enemigos yacen desnudos
en tenebrosos rincones de angustia.

Y sueño bosques bañados de luna
y en los ojos blancos de los ahorcados
se agazapa el horror,
se agazapan las horas,
los latidos ceniza.

De acuerdo con Nietzsche (quien tomó la idea de Edward Gibbon) el cristianismo fue el vampiro de Roma. En 80 años, ¡En 80 años destruyeron más de cinco mil años de cultura!

¡No le hagas caso a la competencia! Cierra la puerta en las narices de los Testigos de Jehová cuando te prediquen en contra del Halloween y demuestra que eres un pagano pesadote. Adquiere hoy mismo tu florilegio de Morrigan, disponible en versión digital, para que lo tengas en tu Kindle, Tablet, teléfono celular o P.C. Lo puedes encontrar por el módico precio de 2,99 dólares en http://www.amazon.com/Morrigan-Spanish-Edition-V%C3%A1zquez-Erosa-ebook/dp/B00H6VCH3O/ref=sr_1_3?ie=UTF8&qid=1387233896&sr=8-3&keywords=Elko+Omar+V%C3%A1zquez+Erosa. ¡No esperes más!

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