Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Ella, ráfaga de viento en mis ojos,
entretejida de luna y de ausencia,
pincelada en otoño. Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Ella, ráfaga de viento en mis ojos,
entretejida de luna y de ausencia,
pincelada en otoño. Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Mis sueños… oro viejo de tu pelo,
el ansia de mi canto una sonrisa
en el perfume de tus blancas manos. Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
En tu mirada de tardes tranquilas
se gestan las visiones
que imagina la rosa
cuando es acariciada por el viento. Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Al llegar los fantasmas de la noche
añoré la magia de hablar contigo
y todos los instantes parecían
entretejidos con memorias tristes, Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Ya que en el suave roce de tus manos
se oculta la caricia
que refleja los ecos
de cascadas nocturnas, Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
En tus ojos suaves como lluvia,
cual destellos en licor de almendra…
como los sueños crepusculares
de góticos y amplios ventanales. Continuar leyendo
Por: Luis Arcas González
1 de agosto de 2018
Bajé a ese submarino con un mal presentimiento.
Los primeros dos días de navegación no me estresaron mucho.
El capitán, de origen ruso, el señor Secey Morozov, fue muy amable conmigo, invitándome a lo que llamaba «comedor de invitados», aunque miraba mis pechos con fruición, claro que el resto de la tripulación también. Tendré que descartar mis vestidos de balconcillo. Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
—Hemos detectado una publicación en tu muro que infringe nuestras normas. ¿Tú publicaste «esto»?
—No, mister Facebook. The devil made me do it!
—Probablemente no has leído nuestras políticas: estaremos encantados de explicártelas con pelotas y con dinosaurios. Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Edgar llevaba alrededor de 30 minutos con la vista fija en la esquina desconchada del salón de clases cuando una voz familiar pidió a la maestra que le suspendiera el castigo.
—¡Ay, Rebeca! —se quejó la señorita Blanco—. Dile a su mamá que necesita más disciplina y sobre todo…
La señorita Blanco siguió con una lista de actividades disciplinarias para Edgar, sin saber que Rebeca era su cómplice en muchas maldades. Continuar leyendo