La insatisfaccion de los maridos

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

la insatisfaccion de los maridos

Ratón dormía bien rico. Estaba soñando con Britney Spears cuado sintió que le jalaban las patas, lo sacaban de la cama y le gritaban:

—¡Levántate, gandul! ¡Ratón! ¡Ratón! ¡Levántate ya para que me hagas la compra!

Era mamá Ratona que andaba de malas, me puso unos billetes en las manos y me mandó al super.

Yo sentía que los batos muy machos me miraban feo por andar de compras. Había un motorista con una cangurera en la que cargaba a un bebé con cara de encabronado, así que dije, poniendo mi mejor mueca tipo Clint Eastwood:

—¡Demonios! Estas mujeres no tienen llenadera. Si yo no hago la compra me deja en la calle. He tenido que quitarle la tarjeta.

Para esto Ratón en su renga vida se ha casado. El motorista miró feo a Ratón (el niño también) y dijo:

—Y que lo digas, tío. Tenemos que demostrarle a las tipas quién lleva los pantalones.

El cuate que llevaba las cajas de pollo se acercó al escucharnos y dijo:

—Se gastan una millonada en lo de sus cremas, sus cortes de pelo, sus tintes y sus uñas.

Un venerable caballero, que también pasaba por ahí exclamó:

—Disculpen, señores, los he escuchado. Lo que pasa es que ustedes los jóvenes no le muestran a las mujeres quién lleva las riendas en la casa.

Todos sentimos que volvía nuestro abuelo para darnos lecciones, que nos iba a enseñar cómo tratar a las mujeres, pero en eso le gritaron:

—¡Alvaro! ¿En qué estás pensando, cabrón? ¡Ayúdame con los tomates!

El venerable caballero se disculpó, pero ya estábamos entrados y salimos a la puerta del super a compartir unos cigarros: el motorista, el bebé con cara de encabronado, el tío de los pollos, uno que empacaba y un policía que se nos unió de último momento conformaban la tertulia de maridos insatisfechos.

—Lo cierto, señores, es que las mujeres deben saber quién lleva los pantalones —dijo el policía. Tenía un rostro decidido, era pelirrojo y se parecía a Arnold Schwarzenegger. Todos estabamos admirados.

Dijo cosas muy hermosas acerca de la virilidad, de la necesidad de meter en cintura a las mujeres, pero en eso me habló mi mamá y tuve que irme a la casa para que no es enojara ni me fuera como en feria.

 

 

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