Mi tia Pilar en Temosachi

Elko2 004

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

I

—Quiero ir al rancho. Sería una experiencia maravillosa para los niños —dijo mi tía Pilar, quien se encontraba de vacaciones en Chihuahua. Los rostros de mis primos, Alejandra y Rodrigo, se iluminaron, igual que el de mi hermana Karla.

—Pero tía —le advertí—, ir al rancho El Refugio es como regresar al siglo XIX. No hay luz eléctrica y se utilizan lámparas de aceite.

—Debe ser una experiencia muy romántica —contestó mi tía.

—La ventaja es que el rancho ya tiene baño y agua corriente, no como antes, cuando era necesario utilizar una letrina y bañarse en tina —agregó mi mamá.

—No se hable más: si hay baño yo voy —decidió mi tía Pilar y los niños gritaron de pura alegría.

II

Llegamos a Temósachi y una vez en la casa del pueblo mi tía María nos informó que un señor estaba por salir al rancho, ubicado a unos tres kilómetros. Poco después un ranchero llegó en una camioneta antediluviana y mi tía María le pidió que nos llevara: el señor nos ayudó a subir las maletas y preguntó:

—“¿Ujteíjo e´ Carlito? ¡Tiene la rejemblanza, verda e´ Dio´!”

—¿Qué dijo? —preguntó mi tía Pilar, poco ducha en descifrar el temosachiteco de pura cepa.

—“Cuando ejtábano shavalos Carlito, el papá juyo de ujté, yo y otroj camarada noj íbano tra´j el jerrito a eshar uno vino aluego de mercar unoj huevo que noj robábano del gallinero, ¡verdad e´Dio´!”

Abordamos la camioneta: el señor y mis tías en la cabina, los niños y yo en la caja. Media cuadra más adelante el vehículo se detuvo, a la par de una camioneta negra que venía en el carril contrario.

—¡Eeeooowp! —gruñó el otro conductor.

—¡Eeep! —contestó nuestro anfitrión para sobresalto de mi tía Pilar y sus hijos, quienes desconocían el saludo ranchero y lo confundieron con una especie de grito de guerra apache. Diez paradas similares con sus respectivos “¡Eeeit!” salimos del pueblo y tomamos el camino de terracería que conduce al rancho, flanqueado por palos torcidos y alambre de púas.

La primera noche cenamos frijoles con tortillas de maíz. Al parecer una terrible sequía había acabado con los cultivos y con casi todas las gallinas ponedoras de huevos, si bien los 120 gansos de mi tío Elco se mantenían imperturbables.

—¿Y los gansos se  los come, tío? —pregunté.

—No, son mis mascotas.

—Pero es algo muy improductivo.

—Tú tienes los vikingos de tus novelas y yo mis gansos —contestó mi tío.

A la mañana siguiente llovió:

—¡Vamos al arroyo! —dijo mi hermana Karla una vez que pasó la llovizna y hacia allá nos dirigimos. Cada cinco pasos nuestro zapatos crecían al triple, debido al fango. Rodrigo y Karla estaban encantados pero Alejandra, que siempre compartió la opinión de Baudelaire en lo que se refiere a la naturaleza, constantemente se quejaba, horrorizada:

—¡Mamá! ¡Tengo lodo en los zapatos!

Mi tía Pilar sacaba unos Kleenex de su bolsa y con una paciencia infinita procedía a limpiar el calzado de Alejandra. Ignoro de dónde sacaba tantos pañuelos desechables ya que no parecían terminarse nunca.

—¡Vamos a bañarnos! —gritaron Rodrigo y Karla al ver las aguas del arroyo, de un turbio color marrón debido a la reciente llovizna, y en unos segundos se metieron a nadar ante los ojos espantados de Alejandra.

Rodrigo, que donde quiera encontraba y pescaba un bicho se las arregló para atrapar a un langostino, al que miraba con sus ojos verdes, alucinados.

—¡Mamá! —gritó Alejandra—. ¡Rodrigo tiene un bicho y le va a picar!

—Es un langostino: se comen —les dije yo y Alejandra casi se desmaya.

Poco después mi primo Tito nos alcanzó y al enterarse de que Karla y Rodrigo deseaban comer langostinos se hizo de un costal, para utilizarlo como red. Más tarde los artrópodos hervían en un cazo: sobra decir que Alejandra se negó a probar bocado.

Todos estábamos llenos de lodo y mi tía decidió que los niños se metieran a bañar, pero al abrir la llave salió un chorrito de agua y luego de sacudirse lastimeramente el grifo tosió y se quedó completamente seco.

Mi tío Elco nos explicó que debido a la sequía el pozo se había quedado sin agua, pero que podíamos remolcar la pipa (montada en la carreta) con el tractor, para traer el líquido del pueblo, de modo que nos distribuimos de la siguiente manera para la expedición: mi primo Tito manejaría el tractor, mi tía Pilar y yo viajaríamos en los estribos de ese chisme, mientras mi tía María acompañaría a los niños en la carreta.

Contemplábamos los campos, los cerros lejanos y los detalles del camino cuando una carreta idéntica a la que veníamos remolcando nos rebasó. A bordo iba una señora, igualita a mi tía María, rezando el rosario con los ojos cerrados, acompañada de tres niños con cara de susto que parecían clones de Karla, Alejandra y Rodrigo. La carreta se estampó en un cerco de alambre de púas y estuvo a punto de volcarse: fue cuando nos dimos cuenta de que se trataba de nuestra carreta.

III

—¿Quieren ver a la yegua? —preguntó mi primo Tito y los niños asintieron, entusiasmados.

—¿Dónde la tienes? —preguntó mi tía Pilar.

—Aquí “tras lomita” —contestó mi primo—. Podemos ir a pie.

Tres kilómetros más adelante llegamos al terreno donde pastaba la yegua.

—¡Ooo! ¡Ooo! —exclamaba mi primo Tito para tranquilizar al animal mientras sostenía el lazo. Finalmente atrapó a la yegua. Los niños se pusieron a acariciar al equino: Rodrigo y Karla le tocaron el morro, pero como Alejandra temía que la mordiera decidió acariciarla a un costado de los cuartos traseros y entonces, ¡oh sorpresa!, la yegua comenzó a soltar unas terribles ventosidades que inmediatamente fueron acompañadas de unas enormes cagadas que cayeron con un sonido húmedo y chapoteante y se quedaron,  trémulas y vaporosas, en el pasto, no sin antes salpicar los zapatitos rosados de Alejandra.

—¡Mamá! —se quejó Alejandra y se negó, terminantemente, a montar un cuadrúpedo tan mal educado.

IV

Mi tía Pilar afirma que se pasó cuatro días a café y cigarro para que los niños comieran los frijoles. No había gallinas y en consecuencia tampoco huevos. Yo ni por enterado ya que las hamburguesas del pueblo estaban muy sabrosas. Lo cierto es que ella miraba con ojos lánguidos los gansos de mi tío Elco y ya hasta se sabía los nombres: Rosiflor, María Eugenia, Tomás, Marco Antonio y sobre todo, el orondo Pancho, que anadeaba ufano de su gordura.

Mi tía María le propuso que fueran a la casa de sus papás para comer queso y frutas en conserva, además de un “caldo de oso”.

—¿Comen osos en Temósachi? —preguntó mi tía Pilar.

—No, es un caldo de pescado; pero le dicen “caldo de oso”.

—¿Y dónde viven tus papás?

—Junto a la estación del tren, aquí “tras lomita”: podemos ir caminando.

Mi tía Pilar, que ya comenzaba a comprender el significado del término “tras lomita” se apresuró a proponer:

—¿Por qué no le pides la camioneta a tu marido?

Mi tía Pilar dice que el “caldo de oso” le supo a gloria. Supongo que no sabía que se trataba de un caldo de bagre, un pez que en Mérida, Yucatán, no se hubiera comido, ni regalado.

Ya para anochecer compré salchichas y bombones en el pueblo y luego de juntar unas ramitas encendí una hoguera en las ruinosas caballerizas del rancho, donde los niños no tardaron en alcanzarme para escuchar historias de terror a la luz del fuego, la luna y las estrellas.

Unos minutos más tarde les dije que fueran al casco del rancho, donde había guardado los víveres, por lo que aproveché para agregar unos panes de boñiga a fin de conseguir una brasa uniforme sin que Alejandra se diera cuenta del combustible utilizado para asar las salchichas y los bombones, que se volvieron todo un bocatto di cardinale.

Al día siguiente nos despedimos de Temósachi con un mole exquisito, y es que finalmente mi tía Pilar se salió con la suya y los días de Pancho terminaron en la cazuela, con todo el dolor del corazón de mi tío Elco, amante de los gansos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s