Por: Elko Omar Vázquez Erosa
El viejo árbol
tirado en el estanque,
protestando contra el cielo
con sus ramas de gigante. Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
El viejo árbol
tirado en el estanque,
protestando contra el cielo
con sus ramas de gigante. Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
La esperaba, ella me miró
a través de los cristales del vehículo. Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Aguardo con paciencia
lavando las llagas de mis pies
a un lado de la fuente.
Un monasterio de silencios
te recuerda, te sueña y te dibuja. Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Lamiendo mis heridas descubrí
que fui un río deseoso
de volver sobre su cauce, Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Poco después de la lluvia
unas nubes entre los cerros
y una dosis de melancolía
en el perfume de la tarde. Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
A “L”, un hombre robusto, de pequeña estatura, todos le teníamos un terror saludable; menos el licenciado Payán, quien era un necio absoluto y total.
Una vez “L” agarró, con todo y silla, a un grandote, en TV Azteca, y lo tiró, en esa silla con rueditas, por las escaleras, sólo por el placer de hacer el mal: el grandullón se puso a chillar y «L», quien siempre tenía una sonrisa aterradora, nada más se reía.
Y “L” brincaba para golpear el rostro del grandullón, quien únicamente atinaba a chillar más. Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Se dice el pecado; pero no el nombre del pecador, salvo por sus iniciales: los que tengan ojos para ver, que vean, y los que tengan oídos para oír, que oigan.
JLG fue comisionado para hacer un reportaje de fondo sobre el hospital neuro psiquiátrico de la ciudad de Chihuahua y El Heraldo de Chihuahua fingió su internamiento, por esquizofrenia.
Hicieron la hoja, firmada y sellada por uno de los psiquiatras más prestigiados de esta ciudad y lo internaron. Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Desperté dentro del sueño: la luna antigua era más grande y más cercana, las calles, mal iluminadas con antorchas, permitían entrever sombras de gente lasciva que se emborrachaba y tenía sexo al son del harpa, la lira, el laúd y los tambores.
El aire seco del desierto traía un perfume de flores y un ligero toque a putrefacción de los cercanos canales de agua. Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
A veces, en verano, veo deformarse
las casas lejanas donde nacen
aves y culebras de un soplo ardiente. Continuar leyendo