Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Cíbola, ciudad situada en medio
de los vientos y las sombras
que no recuerdan el hechizo,
que no recuerdan la plegaria
de los ángeles. Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Cíbola, ciudad situada en medio
de los vientos y las sombras
que no recuerdan el hechizo,
que no recuerdan la plegaria
de los ángeles. Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Flor, no te marchites, un cementerio duele sin ti, y entre estos muros de piedra, lejos de todo lazo exterior, nos tiñe un silencio de muerte que irrita el alma de los vivos y, ¿quién sabe?, quizá también a los que no se fueron.
El zumbido de los moscos, pequeños alaridos infernales; las espinas de un rosal, para hacerme una corona. Y me pregunto si soy el señor de este paraje, o simplemente un prisionero.
Los espíritus callaron y legiones de insectos bailaban a mi alrededor, y el humo del incienso me hizo llegar miles de experiencias; y a través de la distancia, a través de este mar de suaves ondulaciones, tu rostro presente en los médanos del tiempo. ¡Frío y cruel es tu recuerdo!, si tan sólo, nunca te hubiera conocido. Continuar leyendo
Tú lo negarás todo,
y yo miraré la lluvia
caer al pie de los faroles,
y mis ojos recorrerán
las duelas de la casa
para cosechar insomnios, Continuar leyendo
Escucho a los dioses de la lluvia,
miro como huyen los pájaros
y veo diluirse los ranchos lejanos.
Huele a tierra mojada,
huele a tu pelo, Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
La noche quedó atrapada en tus ojos, abismos azules donde yo podía imaginar océanos infinitos que me devolvían, inmediatamente, a la textura sedosa de tus rubios cabellos.
Siempre incandescente, siempre, dama luna, siempre… Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Hace unos minutos encontrábame yo follando muy a gusto con la licenciada Guzmán: la tenía a cuatro patas y la tomaba del cabello (usa cola de caballo) cuando, de pronto, la cámara comenzó a chillar.
Para esto se suponía que esa pinche cámara, marca Steren (esa tecnología chafa israelita, más barata que la china) nada más miraba hacia un lado; pero no, resulta que se puede mover con un celular, y hasta micrófono y bocina tiene.
—¡Elko! ¿Qué estás haciendo? Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Lo cierto es que la gente que toma té son puros maricones (seguramente son comunistas y apoyan la ideología de género y la ridiculez del lenguaje inclusivo, Wotan los maldiga): los machos, los «vatos» meros machos, tomamos café, con un chorrito de whisky, eso en el desayuno; más tarde unos nueve tragos de absenta, del hada verde porque, como diría Wilde, ¿cuál es la diferencia entre un atardecer y una copa de absenta?
Además los comunistas no son muy amigos de ducharse a diario.
El caso es que en la oficina (cuando andaba en oficinas porque ahora soy independiente y vivo de mis rentas) siempre me vieron haciendo mezclas con una bola de hierbajos y el licenciado, usualmente, me pedía que le preparara un té de mis horripilantes brujerías (me hubiera gustado meterle un poco de amanita muscaria para ver qué cara ponía; pero siempre preferí reservarla para mi uso personal).
—¿Y ahora de qué es, Elko?
—De bergamota.
Todos brincaron y se subieron a sus escritorios, espantadísimos.
—Además, fíjese usted en la marca: earl gray (el señor gris, que es uno de los nombres de Odín).
Nadie quería el té y yo me la pasaba, ufano, por toda la oficina, luciendo el enorme leviatán que habita entre mis piernas, mientras las chicas me aplaudían: ellas sí querían el té.
El caso es que….
Bueno, otro día les cuento.

Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Dentro de tus muros antiguos
registro las canciones del viento
y duermo en la paja
soñando con los días que vendrán; Continuar leyendo