Por: Elko Omar Vázquez Erosa
En la torre del hechicero, la empresa quimérica: estrellas en un recipiente de vidrio.Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
En la torre del hechicero, la empresa quimérica: estrellas en un recipiente de vidrio.Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
¡Cómo gritaste!, cayeron todos los velos y pude aceptar la muerte.Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
La señora, doña Ana Licón Domínguez, dicen que pertenecía a la clase media alta, y que tenía un marido, médico, que tenía muy bien a su familia; el doctor, en un viaje, se cayó el avión, y todavía no las tenía aseguradas.
Continuar leyendoPor: Elko Omar Vázquez Erosa
En una versión onírica de la ciudad de Chihuahua, México, se puede caminar por la avenida División del Norte, de noche, donde todo está iluminado por el alumbrado público; se corta por una cuchilla y entras a una calle diferente, tenebrosa, donde el espíritu del marqués de Sade, descendiente de la divina Laura, tiene una casita, La petite maison.
Continuar leyendoPor: Elko Omar Vázquez Erosa
I
La clase estaba conformada por gente vario pinta: la mayoría de los ahí reunidos éramos personas más bien extravagantes: borrachos, pendencieros, poetas con pinta de astrólogos, nerds y marineros que habían venido, a través de las brumas y de las tormentas, desde las regiones de los sueños olvidados.
Continuar leyendoPor: Elko Omar Vázquez Erosa
Contemplé tu silueta que nacía de la penumbra, que se vislumbraba en las cortinas.Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Hace un momento o una eternidad, acechando como buitre de lo oscuro.Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Del mar de la inconsciencia: frutos extraños, ansiosos de anidarme el corazón —se quedaron—.Continuar leyendo