Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Yo, buscador de quimeras,
soy el agua turbia del tiempo. Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Yo, buscador de quimeras,
soy el agua turbia del tiempo. Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Este lago de cisnes y cristal,
de insectos luminosos y de ensueños
que duermen en el fondo; Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Un día, impulsiva como eras,
decidiste seguir el camino
de las flores amarillas
y anduvimos entre ruinas
de haciendas y ayeres. Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Doña Chu hablaba junto al fuego
de memorias deslavadas.
Ella recordaba cuando los apaches
llenaban las colinas, Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
El viejo árbol
tirado en el estanque,
protestando contra el cielo
con sus ramas de gigante. Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
La esperaba, ella me miró
a través de los cristales del vehículo. Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Aguardo con paciencia
lavando las llagas de mis pies
a un lado de la fuente.
Un monasterio de silencios
te recuerda, te sueña y te dibuja. Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Lamiendo mis heridas descubrí
que fui un río deseoso
de volver sobre su cauce, Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Poco después de la lluvia
unas nubes entre los cerros
y una dosis de melancolía
en el perfume de la tarde. Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
A “L”, un hombre robusto, de pequeña estatura, todos le teníamos un terror saludable; menos el licenciado Payán, quien era un necio absoluto y total.
Una vez “L” agarró, con todo y silla, a un grandote, en TV Azteca, y lo tiró, en esa silla con rueditas, por las escaleras, sólo por el placer de hacer el mal: el grandullón se puso a chillar y «L», quien siempre tenía una sonrisa aterradora, nada más se reía.
Y “L” brincaba para golpear el rostro del grandullón, quien únicamente atinaba a chillar más. Continuar leyendo