Una delirante película de vampiros

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

Una delirante película de vampiros 

Aunque no son infrecuentes las personalidades bizarras en el mundillo del cine todavía existen algunas que nos causan asombro ya que por sí mismas resultan un espectáculo inverosímil; tal es el caso del alemán Uwe Boll, considerado por muchos como el peor director cinematográfico y digno heredero de Ed Wood.

Dicho personaje no carece de gracia e incluso podría decirse de él que es todo un comediante involuntario. Con todo el aspecto de un boxeador de tercera categoría el germano, harto de ser el blanco de las burlas por parte de las páginas especializadas en crítica ha retado a sus detractores en repetidas ocasiones al ring, corriendo con más suerte en el pugilismo que en la realización de sus películas, generalmente adaptaciones de video juegos, que producen más de un escalofrío entre los “gamers”.

Con más de una veintena de películas en su haber, muchas de ellas con errores garrafales que nos hacen preguntarnos si no serán completamente premeditados, Uwe Boll ha conseguido, a pesar de todas las críticas, una película que desde nuestro humilde punto de vista es competente, entretenida, sangrienta, de bajo presupuesto y sin grandes pretensiones: podría decirse que es la obra maestra del teutón.

Se trata de “Bloodrayne”, adaptación homónima del video juego, que cuenta la historia de una dhampir (Kristannna Loken: Terminator 3), hija del rey vampiro Kagan (Ben Kingsley) y de una humana a quien violara años atrás.

Ambientada en una Hungría medieval de opereta y filmada en locaciones que incluyen el castillo del “voivoda” Vladimir Vlad Dracul, la película nos cuenta las peripecias de Rayne, quien luego de formar parte de un circo ambulante, en el que era todo un atractivo, escapa aprovechando una masacre y entra en contacto con la sociedad Brimstone, enemiga declarada de los vampiros.

Con el objetivo de acceder a Kagan, el rey vampiro, Rayne emprende una serie de pruebas para hacerse con diversos talismanes o restos de un legendario vampiro de nombre Belial. Se trata de un ojo, una costilla y un corazón, mismos que al ser absorbidos por el chupasangre que consiga apoderarse de ellos desarrollará inmunidad contra el agua, la cruz y la luz del sol.

Una vez con dichos objetos en su poder Rayne acude al castillo del malvado Kagan, quien la mete a un calabozo pues planea arrancarle el ojo de Belial, que ella había absorbido.

Como todo un villano de comic el rey Kagan le arrebata una caja vacía a Rayne, creyendo que en su interior se encontraba el corazón que habría de inmunizarlo contra la luz del sol, y se dispone a practicar un macabro ritual con el que podría arrebatarle el ojo a Rayne.

En seguida todo se vuelve delirante: la sociedad Brimstone ataca el castillo del rey Kagan y, si el espectador se ha preparado convenientemente con una buena dotación de comida chatarra, podrá disfrutar de las consabidas coreografías para los duelos de espada, clásicos en este tipo de filmaciones.

Ganadora de seis premios Raspberry la producción cuenta con el atractivo adicional de un desnudo de Kristanna Loken, la actuación de la malencarada Michelle Rodríguez y un final trágico que sin dudas hará las delicias de los devoradores de tebeos.

Finalmente resta decir que por una vez, insistimos, Uwe Boll se ha superado a sí mismo al contar una historia bastante entretenida que quizá no merece las feroces críticas de que ha sido objeto.

 

 

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