Improbable

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

improbable

Ya me imagino que vinieran los del ISIS (diosa, mil disculpas por esas siglas que quizá te ofenden) y le dijeran a los mexas:

—¿Sabes qué? Se acabó la virgen de Guadalupe, el tequila y las luchas del Santos. Adicionalmente deberás arrastrarte mientras le hueles el trasero a un tío en una mezquita y dices: ¡Alá Akbar!

—Oye, y aprovechando la posición, ¿se puede?

—¿Qué cosa?

—Tú sabes: un rapidín.

—Dudo que al tipo ése le guste la idea: ya pasaron los tiempos en los que William S. Burroughs y otros aventureros de preferencias alternativas se daban gusto en Morolandia por unas cuantas monedas.

El mexa perderá inmediatamente todo interés (quizá con la excepción de algunos seres de izquierda y otros batos “alivianados”), y es que estos compatriotas míos, tan feos y tan gachos que son (recuerden que yo soy de los guapos) dirán:

—Como que se me antoja irme a El Paso, Texas. Sabes que no soy mexicano, sino un rubio gringo y mucho menos, bato, mucho menos un guarachudo del ISIS.

Mientras comemos chicharrones (ya se sabe que de España se trajo todo eso para quitarle a los indios el afán de comer carne humana y de arrancarle el corazón con cachos de vidrio volcánico a los prisioneros de guerra) diremos:

—¡Pongan otra de José Alfredo Jiménez!

Además en Europa y en el Medio Oriente los países son pequeñitos y su extensión constituye aquí meros municipios y ejidos «caguengues».

Por mí que vengan esos señores. Nos iremos a la sierra y volveremos, una y otra vez, y habremos de romperlos, para que se vayan de una buena vez al paraíso, tres veces, y las que sean necesarias, como hicimos con las huestes de Napoleón III.

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