El jabon de cera

el jabon de cera

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

Los movimientos lentos, pausados, siempre han caracterizado a los Vázquez viejos y mi papá no era la excepción sino la confirmación de la regla en un grado superlativo, exasperante.

Si le pedías dinero para comprar un cuaderno, por ejemplo, mi papá se metía la mano en el bolsillo del pantalón vaquero que usaba y comenzaba a buscar algunas monedas. Cuando finalmente aparecía el pequeño tesoro en la palma de su mano, él preguntaba:

—¿Cuánto cuesta el cuaderno?

—Quince pesos.

Entonces él veía la denominación de cada moneda y comenzaba a separarlas con una lentitud que hubiera desesperado a la madre Teresa de Calcuta.

Lo peor era cuando regresábamos de los videoclubes que tenían mis papás y todos traíamos ganas de ir al baño o simplemente de arrojar los bártulos y descansar.

Mi papá estacionaba su automóvil en la cochera, luego sacaba el bastón y lo estiraba para colocarlo entre el volante y uno de los pedales, abría los seguros del vehículo y descendía del mismo.

Él traía las llaves de la casa y todos los mirábamos con angustia; entonces papá se dirigía hacia la puerta y sacaba el manojo de llaves de un pequeño portafolio y se ponía a buscar la llave correcta mientras mi hermano Ricardo, mi mamá y yo nos mirábamos, impacientes.

Papá metía la llave: escuchábamos cada uno de los diminutos balines de la cerradura correr. Papá giraba el picaporte y finalmente abría la puerta. Todos queríamos entrar a la casa como un torrente, pero papá, que obstruía la entrada, exclamaba invariablemente:

—¡Chin!

Se detenía a pensar por si había olvidado algo, entonces revisaba su portafolios y al ver que traía el objeto en cuestión despejaba la entrada.

Viendo tal estado de cosas se me ocurrió fabricar un jabón de cera con unas velas que fundí y vacié en una latita rectangular y obtuve varios panes que coloqué en las jaboneras de ambos baños de la casa.

Papá llegó del trabajo y se metió al baño dispuesto a lavarse las manos para cenar, así que tomó uno de esos jabones chapuceros y con una paciencia infinita y una fe inconmovible tallaba ese chisme aguardando que comenzara a hacer espuma.

—¡Vieja! —le gritó a mi mamá—. ¡Este jabón está echado a perder!

Anuncios

4 comentarios en “El jabon de cera

  1. Este es e`l último publicado por ti, pero me di a la tarea de pasar a Word todo lo que tienes en tu blog ‘Voluptuosidad es la palabra’ y de leerlo, detenidamente, durante cinco días.
    ¡Estupendos!
    “Ad diem noctem laetíssimum”

    Michaelus Ramirenzis Octoae (Miguel Ramírez Ochoa, en latín).

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s