Tio Elco, unleashed

El autor aprovecha que tío Elco está en la regadera para robarle las botas y el sombrero.

El autor aprovecha que tío Elco está en la regadera para robarle las botas y el sombrero.

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

Cuando mi tío Elco comenzó a quedarse calvo encargó unas ampolletas carísimas a los Estados Unidos de las que se aseguraba eran un efectivo remedio contra la alopecia.

También pidió una loción que supuestamente lo haría más atractivo por contener feromonas que resultaban irresistibles para el sexo opuesto, pero ante los nulos resultados obtenidos se quejaba amargamente:

—¡Pinches gringos!, teóricamente con esta loción tu tía María terminaría perdidamente enamorada de mí, pero no dijeron que debía tener 20 años menos.

No obstante su fe en la loción capilar le duró más tiempo y se la aplicaba en la cabeza con regularidad religiosa.

Por aquellos días mi tío usaba pantalones y chamarra de mezclilla con sus botas vaqueras. Completaba su look con un pañuelo atado a la cabeza al estilo de los bandoleros a fin de que los ingredientes milagrosos penetraran en sus vasos capilares y le sacaran pelo.

Meditando, cigarrillo en mano, acerca de la concatenación fenoménica del universo, se dispuso a disfrutar de su octava taza de café cuando escuchó un escándalo en el gallinero.

Al salir vio que uno de los perros de su vecino Pepe Márquez corría con el hocico ensangrentado. Era el tercer pollo que le mataba, así que sacó su revólver (ya que en esos días aún era habitual que los rancheros anduvieran armados) y comenzó a seguirlo, con lentitud.

El perro se detuvo y miró a mi tío Elco, quien disparó fallando el tiro, así que el animal continuó su carrera.

El perro se refugió en el rancho de los Márquez, donde se sintió a salvo. Pepe y su hermana Concha paseaban entre las flores, junto al estanque.

Mi tío volvió a disparar, el perro chilló y quedó tendido en el suelo: dos disparos más terminaron el trabajo.

Doña Concha estaba aterrorizada. Don Pepe le reclamó a mi tío, el muy exagerado:

—¡Eres un bárbaro, Elco!

—Te dije que amarraras bien a ese perro —contestó mi tío—, ya van tres pollos que me mata.

—¡Cabrón! ¡Casi le da un infarto a mi hermana! Y luego vienes a matarlo en mi propiedad.

Mi tío sacó un cigarrillo, se lo puso en la boca, lo encendió y dijo entre dientes.

—Si lo tienes en los brazos, en los brazos te lo mato.

Se dio la vuelta y se fue, caminando lentamente, mientras saboreaba con anticipación la taza de café que lo esperaba.

Anuncios

Un comentario en “Tio Elco, unleashed

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s