Halloween

halloween

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

A pesar de todos los esfuerzos de los profesores, asociaciones religiosas y periódicos patrioteros erigidos en paladines de la gazmoñería, nunca pudieron acabar con el Halloween en Chihuahua, si bien le restaron algo de glamour a “esa costumbre extranjera” y han conseguido implantar una tradición igualmente ajena al norte de México —los altares de muertos— por lo menos en las oficinas gubernamentales y en las escuelas.

A mí me parece de lo más natural que una tierra fronteriza posea características de ambos lados, pero muchos políticos, con el apoyo de la fastidiosa intelligentzia nacional, siguen aferrados a ese México imaginario post revolucionario que bien supieron vender en cromos y películas de la época dorada del cine mexicano: los ricos son malos, los pobres son honrados y querendones; México lindo y querido yo no te cambio por nadie, etc.

Lo cierto es que no tienen empacho en hipotecar el país para las próximas cuatro generaciones, total que “tenemos” mucho petróleo, costas paradisíacas y otros recursos naturales en abundancia.

Pero volviendo al Halloween cuando éramos pequeños salíamos disfrazados a pedir dulces puerta por puerta y regresábamos con nuestras calabazas rebosando de golosinas, por lo que era preciso hacer varios viajes a la casa para resguardar nuestro botín.

Recuerdo mi primer Halloween. Tendría yo cuatro o cinco años cuando me llevaron a pedir dulces disfrazado de mi personaje favorito de aquel entonces: Superman.

Mis hermanos me llevaban porque yo era gracioso —¡Dios! ¡Qué me pasó!— y así conseguían más chuchulucos.

Además las máscaras de plástico y los disfraces nos servían para todo el año, como aquella vez en la que asustamos a nuestra vecina, Rosa Garibay, quien tomaba un baño de sol en su jardín y pegó un brinco al ver a dos enanitos horrorosos que la miraban aferrados a su verja.

En otra ocasión alguien organizó una fiesta de disfraces y mi mamá agarró unas sábanas viejas que cortó en tiras para convertirme en una momia egipcia. Cuando ella se disponía a rasgar otra sábana para disfrazar a mi hermano Rich llegó mi papá y dijo:

—¿Pero qué haces, mujer? ¡Esas sábanas todavía están buenas! Mejor usa papel higiénico.

Nuestra entrada a la fiesta fue espectacular: mi hermano Carlos y sus amigos nos transportaron sobre una puerta vieja por toda la calle en una lúgubre procesión, lo malo es que el disfraz de Rich no aguantó ni cinco minutos y muy molesto se quedó en pantaloncillos cortos.

Pero no siempre las cosas salían tan bien: una vez andábamos toda la “chavalada” pidiendo por las calles hasta que llegamos a la casa de los Rodarte. Alguien comentó:

—Nos falta pedir aquí.

—No —contestó otro niño—. Aquí vive Ernesto y él es muy malo.

Ernesto Rodarte era un muchacho flaco, de cabellos rubios y cara de loco.

Una de las niñas de mayor edad afirmó:

—Neto es bueno, vamos a tocarle.

A regañadientes la obedecimos y gritamos ante la puerta de Ernesto.

—¡Halloween! ¡Halloween! —y es que en Chihuahua se decía así en lugar del “Trick or treat” de los Estados Unidos.

La puerta se abrió, un Ernesto muy sonriente nos saludó:

—¿Vienen por Halloween? Esperen un poco y voy por los dulces que dejó mi mamá. —Ernesto cerró la puerta.

—¿Qué les dije? —comentó muy ufana la niña demente que nos había convencido—. Ernesto es buena persona, ¡y tan guapo!

La puerta se abrió proyectando largas sombras en el suelo. Todos vimos a Ernesto empuñando en la diestra un enorme cartón de leche vacío y sosteniendo con la izquierda la correa de un horrible perrazo.

Como Thor aplastando a los gigantes con su martillo —sólo que esta vez la emprendió contra los enanos— el malvado Ernesto comenzó a atacarnos a diestra y siniestra con su bote de leche y enseguida soltó al perro por lo que huimos despavoridos.

Para mi mala fortuna el perro me pilló del pantalón de mi hermoso disfraz del conde Drácula y me tiró al suelo. Cuando pensé que iba a devorarme Ernesto lo llamó.

–¡Satanás! ¡Quieto, Satanás!

Fue la última vez que pedimos Halloween en la casa de Ernesto.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s