Acerca de lord Sandwich

John_Montagu,_4th_Earl_of_Sandwich

(Ilustre benefactor de la humanidad)

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

Entre las figuras luminosas que engalanan las páginas de los libros de historia destaca John Montagu, IV conde de Sandwich (n. 3 de noviembre de 1718, m. 30 de abril de 1792), como si un hada hubiera trazado su nombre con hermosos garigoles en oro y grana sirviéndose de un pincel encantado.

El retrato más conocido que nos ha legado el siglo XVIII de este gentil hombre inglés lo muestra apoyado en unas columnas neoclásicas, la peluca polveada, los ojos lánguidos y soñadores, perdidos en vagos y etéreos pensamientos. El honorable caballero sostiene un pergamino, luce una levita azul con ribetes de oro y forro verde esmeralda, así como calzón corto y negro, medias blancas, zapatos con broches dorados y una espada que cuelga con gracia negligente, detrás de la pierna izquierda, como corresponde a un noble de su alcurnia y de su genio sublime.

Al igual que otros grandes personajes ingleses lord Sandwich estudió en Eton y en el Trinity College, de Cambridge.

Casado con Dorothy Fane, el conde tuvo entre cinco y nueve hijos con su amante Martha Ray, quien fuera asesinada por un tercero en discordia.

A lo largo de su vida ocupó cargos políticos y militares entre los que se puede mencionar el de Postmaster General, primer lord del Almirantazgo, secretario de Estado y otras ostentosas mediocridades a las que, ciertamente, no debe su fama.

Todavía se dio tiempo de hacer algunas calaveradas como se espera de un gran señor, además de volverse el mecenas del capitán Cook (quien bautizó el archipiélago que hoy conocemos por Hawaii como “Islas Sandwich”) y de Georg Friedrich Händel (quien pudo dedicarse con holgura a la composición).

Fue durante las negociaciones por la paz de Aquisgrán cuando el verdadero genio de lord Sandwich se reveló al mundo inscribiendo su nombre con letras doradas en las páginas de la historia.

Se dice que el lord cobró tal afición por los juegos de cartas que descuidó su alimentación durante sesiones maratónicas que llegaban a superar las 24 horas, provocando la alarma entre sus fieles servidores. Ante la insistencia de los criados lord Sandwich ordenó que en medio de dos rebanadas de pan colocaran un fiambre para que él pudiera seguir el juego y comer sin mancharse sus aristocráticos dedos. Sobra decir que el invento causó furor entre las altas clases sociales.

Y fue así como el honorable John Montagu, IV conde de Sandwich inventó el bocadillo que lleva su nombre en la ciudad de Aquisgrán, antigua capital de Carlomagno que se engalana con un retrato del conde cuyo invento, que él mismo consideraba lo más importante que había hecho en su vida y su mayor legado para la posteridad, ha hecho felices a millones de personas de todas las edades, emancipando de paso a muchos hombres poco hábiles en la cocina de la tiranía femenina, además de sacar de apuros a más de un ama de casa, mérito que no consiguieron muchas otras celebridades que pasan por grandes.

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