Por: Elko Omar Vázquez Erosa
A “L”, un hombre robusto, de pequeña estatura, todos le teníamos un terror saludable; menos el licenciado Payán, quien era un necio absoluto y total.
Una vez “L” agarró, con todo y silla, a un grandote, en TV Azteca, y lo tiró, en esa silla con rueditas, por las escaleras, sólo por el placer de hacer el mal: el grandullón se puso a chillar y «L», quien siempre tenía una sonrisa aterradora, nada más se reía.
Y “L” brincaba para golpear el rostro del grandullón, quien únicamente atinaba a chillar más. Continuar leyendo









