Por: Elko Omar Vázquez Erosa
La sonrisa que se deleita en sí misma y unos ojos que se fingen otros... de esmeralda.Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
La sonrisa que se deleita en sí misma y unos ojos que se fingen otros... de esmeralda.Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Claro de luna, besa la brisa con los ojos cerrados para transmitir las emociones que soñó: unos ojos que miraban hacia el mar, un camino destinado a la mansión de los abismos.Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Que se detengan los segundos en tus ojos para dibujarte a lontananza y quede aprisionada tu imagen en el verde reflejo de las plantas.Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Jardín de luna, plácido vivero con todos los rostros del tiempo eterno de Egipto.Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
En sombras de palacio los rumores, el encanto y el misterio de tu alcoba, el reflejo de mil noches que añoraba.Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Era la primera mujer, creada por dioses que, cansados de la guerra, la sacaron del vacío como solaz de su pereza.Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
En la torre del hechicero, la empresa quimérica: estrellas en un recipiente de vidrio.Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
¡Cómo gritaste!, cayeron todos los velos y pude aceptar la muerte.Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
La señora, doña Ana Licón Domínguez, dicen que pertenecía a la clase media alta, y que tenía un marido, médico, que tenía muy bien a su familia; el doctor, en un viaje, se cayó el avión, y todavía no las tenía aseguradas.
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En una versión onírica de la ciudad de Chihuahua, México, se puede caminar por la avenida División del Norte, de noche, donde todo está iluminado por el alumbrado público; se corta por una cuchilla y entras a una calle diferente, tenebrosa, donde el espíritu del marqués de Sade, descendiente de la divina Laura, tiene una casita, La petite maison.
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