Elko Omar Vázquez Erosa
Diosa terrible,
clavos del recuerdo,
pájaro carnicero
del secreto y de la ausencia.
Tus lágrimas
eran ácido en mi piel,
un círculo de estrellas polares
en libros antiguos.
Mágica, no creí que existías
hasta respirar en tu pelo
un número incierto
de tardes tranquilas…
…después te fuiste,
me arranqué las vestiduras
y corrí enloquecido
por el bosque;
y un día la memoria
como lobos aguardando
en la ventana
bajo el cilicio del viento:
Recordé cuando era un hombre
y volví por el lodo primigenio
con que bañé mi espíritu;
luego descubrí
las cicatrices indelebles
en mi pecho, como las garras
de una bestia salvaje.

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