Alberto Villegas Villegas

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

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Ni sé por qué puse mi nombre en este escrito puesto que apenas lo voy a presentar. Alberto Villegas Villegas, poeta distinguido, nos deleita con su obra. Nos quitamos el sombrero mexicanote y escuchamos, atentamente:

BIOGRAFIA DE ALBERTO VILLEGAS VILLEGAS.

 

Nació el 16 de enero de 1960 en Pácora Caldas, pueblo que lleva como un paraíso en el fondo del alma, pero su juventud la vivió en el corregimiento de Castilla, lugar tranquilo y acogedor que le brindó el espacio para recrearse con el maravilloso universo de la literatura. En sus primeros tiempos de su juventud, realizó algunas publicaciones de sus poesías en el Diario La Patria y en revistas de aquella época y dio a conocer su sentimiento por la poesía con la publicación de su obra La Espiga de la Esperanza, cuyo prólogo lo escribió Roberto Vélez Correa. Participó en un concurso de poesía nacional convocado por el ISS, en el cual ocupó el primer puesto con su poema Al Nevado del Ruiz. Como obras inéditas tiene la novela La República Independiente del Cumanday, varios libros de poesía titulados: Alma del tiempo, Al Ritmo del Corazón, Deshojando Margaritas, Ritmos y Cantares, Quiero Entregar mi Equipaje, entre otros, y una recopilación de cuentos costumbristas.

 

Es egresado del Colegio Marco Fidel Suárez de su municipio natal y sus estudios universitarios los realizó en la ESAP. Desde siempre se ha inquietado por la lectura y por vivir a plenitud con su familia en un ambiente de armonía consigo mismo y con el universo.

 

El pasado 7 de noviembre de 2014 lanzó su libro LA RAZÓN DE SER DE LA EXISTENCIA en la Secretaría de Cultura del Departamento.

 

 

CONVOCATORIA EN LA MONTAÑA

 

Convoco a todos los poetas

los nacidos y muertos en la tierra.

 

Que se sienten al pie de la montaña,

que broten el alma a manantiales,

entonen sus himnos… sus salmodias,

sus gemidos de amor y sus tormentos,

sus cadencias sonoras… inmortales.

 

Quiero verlos esgrimiendo sus palabras

como dagas certeras contra el alma,

y que sangren las heridas nuevamente,

y que el dolor inunde los caminos,

y que el llanto del amor se vuelva trueno,

y que florezcan en invierno los rosales,

y que se marchite la alegre primavera,

y que su canto acongoje a los turpiales.

 

No más silencio, poetas de la tarde,

es hora de volver a la montaña,

desleírse en la sabia, en la raíces,

resurgir como fruto y ser semilla

de consuelo y bienaventuranza.

 

Es hora de manar desde la estrella

alumbrar las sombras de la esfera,

ser gota de rocío y luego fuente,

ser cristal y arcoíris que ilumine

de belleza y esplendor como las flores.

 

Convoco a las musas que inspiraron

a quienes entonan alabanzas,

y cánticos de amor a sus amores

que guardan fervientes esperanzas

de curar con amor esos dolores.

 

Convoco a la protesta solidaria

para que enarbole la bandera

de sus versos justicieros

en procura de igualdad y entendimiento.

 

Convoco a la muerte y a la vida,

razón de ser del poema en sus albores,

y  enseñen al poeta sus heridas

y agranden su tormento y sus dolores.

 

Convoco de testigo a este encuentro

al hermano de la espiga y la esperanza,

al hijo del labriego sin arado,

al cantor sin poema y sin abrigo,

al señor irreverente de la esquina,

a quien pasa confundido de fulano,

a la chica que mece sus encantos,

a los hijos del viento y del silencio,

al vendedor de plumas y luceros,

al malabarista de piruetas sin sentido,

al encantador de ojos y serpientes,

a los pregoneros del bien, inmaculados,

y al resto de infelices que se arrastran

por el fetico casco de la tierra,

y en la noche comparten sus luceros,

henchidos de cansancio y sufrimiento.

desprendidos de todo y sin esmeros.

 

Cuando seamos una mano bien unida

repartiré la semilla de la palabra

para sembrar de nuevo el sentimiento

de amor y comprensión y de esperanza.

 

Y del trigal del huerto, sin fronteras,

nacerán los poemas inmortales,

donde sólo el amor y la alegría

será el canto que entonen los poetas

del nuevo amanecer del nuevo día.

 

Alberto Villegas Villegas.

Derechos reservados de autor.
 


 

HIJO DE LA ARCILLA

 

Vengo desde los huertos, mi herencia milenaria,

a cantarle a la espina, la pena y la esperanza,

mi estirpe me ha dejado un alma hechicera,

un verso que se esfuma en los brazos del alba

florece en los trigales y resurge en la savia

de los arboles frescos  de montañas y praderas.

 

Mi cargamento tiene alegrías y nostalgias

de inviernos y veranos en los campos de labranza,

sin ángelus ni rezos que repiquen las campanas.

 

Mi piel de bronce puro tatuada de paisajes

de mirar el crepúsculo cuando pasa cantando,

plagada de recuerdos de acortar distancias

para encender de nuevo furtivas esperanzas.

 

Desde mi alma noble, desde mi ser de infancia,

soy de amor de caminos y de tiple en el alma,

de cardos y de rosas tengo el corazón pleno

para despintar paisajes y desdoblar nostalgias.

 

Mis versos los perfumo con aromas del viento,

y a todo peregrino que pase por mi estancia,

y exprima de mi canto el olor de la montaña,

y beba en mi tinaja el vino que se escancia,

ya siente el regocijo y calma ya sus ansias.

 

Soy de barro puro con alma de alfarero,

mi verso esta esculpido de arcilla moldeada

y metal trabajado en el yunque del olvido,

por ello mis dolores son guijarros cocidos

que guardan los secretos de amores de alborada.

 

Bendigo la semilla que surge del subsuelo

y que mis manos puras amasan pan del trigo,

y que mis labios catan aromas de ese vino

que mis pasiones fraguan en busca de consuelo.

 

El himno que hoy entono despierta en la montaña

a los pájaros silvestres que repican mis palabras,

en cantos armoniosos que cubren el paisaje

de ritmos que matizan aromas y esperanzas.

 

De las aves sencillas que musitan mi queja

prolíficas en crianza para adornar paisajes,

arrullan madrugadas, presagian arreboles,

despiertan las pasiones del alma prisionera

son numen de alegría de idílicos mensajes.

 

Hay un licor melifluo que en cada madrugada

me embriaga de recuerdos que atesoro en mi alma,

es tu sonrisa tierna, es tu núbil mirada

que en mi ser se divaga y me brinda la calma.

 

Despierto  con mi canto recuerdos y nostalgias,

y estoy lleno de todo y a cuestas con mi trino;
soy prodigo en mi entrega y mi alma lacerada,

obsequia atardeceres y sonatas aladas

a todo el que se cruce conmigo en mi destino.

 

Alberto Villegas Villegas.

Derechos reservados de autor.
 

 

PALABRA MÍA

 

Palabra mía,

ven a mis labios,

canta con plenitud,

nada mengue,

acrecienta el encanto de natura;

si no has de superar lo que se mira

quédate en silencio, nada digas,

si no has de reflejar lo que se siente

dilúyete dentro de mí, no te me escapes.

 

Palabra mía,

ven a mis oídos,

sal de otro ser, igual que yo,

déjame recibirte,

calma mis ansias y mi sed por siempre,

se vino y pan,

se fruto maduro,

se viento, tormenta,

se calma, aroma, sonido,

se entraña y raíz desde el principio,

átame hasta fenecer en tu florilegio.

 

Palabra mía,

confiesa mis secretos,

cuéntale a quien pase por mi estancia

todos los dolores,

todas las alegrías,

y aquello que pienso en voz alta,

prohibido.

 

Palabra mía,

dame esperanza,

bríndame compañía,

se refugio de mi sentir hasta extasiarme,

quédate siempre en mi como un amanecer,

quédate a mi diestra, como una espada,

quédate hasta la última hora, como un adiós.

 

Palabra mía,

te persigo en la montaña más empinada,

te enarbolo,

bajo hasta los abismos más profundos,

te rescato,

te llevo en mi cuerpo como un tatuaje,

te llevo en mis manos como una herida,

te llevo en mi mirada como un paisaje,

te llevo hasta mi lecho

para enternecer a mi adorada.

 

Que me falte el vino,

que me falte el agua,

que me falte la estrella,

que me falta la risa,

que me falten las distancias y los olvidos;

todo puede faltar,

menos la palabra enamorada,

la palabra que da vida,

la palabra que tiende la mano,

la palabra que da esperanza,

la palabra que no miente,

que es árbol y crece

y brinda sombra y fruto,

la palabra que es libertad

y que no la detiene la ignominia

y siempre permanece justiciera.

 

Refúgiate en mi palabra desechada,

te reconstruyo y te hago muralla,

te decoro hasta relucirte,

te acomodo en mi alma hasta mi muerte.

 

Bienvenida por siempre a mi rebaño,

trigal de luz y colorida primavera,

sustancia inconsútil del poema,

elemento del amor y la ternura,

quejido del dolor y la alegría,

amante fiel y dulce compañera,

palabra mía… palabra amiga.

 

Alberto Villegas Villegas.

Derechos reservados de autor.
CONFESION

 

Afortunado soy,

bendito sea,

si te he de amar con toda el alma,

que no me falta tu amor,

Dios no lo quiera,

eres mi luz, mi fuente, mi esperanza.

 

Por siempre te llevo en mi camino,

iluminas mi ser cuan sol naciente,

eres todo lo que tengo en mi destino,

contigo soy feliz hasta la muerte.

 

Cada paso que doy siempre a tu lado,

es mas corto el camino hacia la cumbre,

estas en mi presente…  en mi pasado…

eres mi único amor… mi única lumbre.

 

Cada día te siento mas adentro

de este corazón que sabe amarte,

si te veo venir salgo a tu encuentro,

tan solo para amarte y adorarte.

 

Te llevo en mi piel y en mi mirada,

en mi poema de humildes alabanzas,

en mi sueño de cada madrugada,

en mis ilusiones y esperanzas.

 

Si no existiera el amor  todo sería

como un desierto solitario y sin encanto,

tu eres mi oasis… mi fuente de alegría,

contigo no hay dolor…  tristeza…  llanto.

 

He aprendido a amar con toda el alma,

en mi huerto prolifera la abundancia,

eres fruta jugosa… mi sed calma,

eres luz permanente en mi estancia.

 

Estoy hecho de ti, no hay pensamiento

que no traiga el recuerdo de tu encanto,

nuestro amor fue un noble sentimiento

perenne, inmaculado…  un solo canto.

 

Si a la hora de partir te estoy mirando

guardaré en mi alma tu imagen adorada,

he vivido para ti… te sigo amando,

en tu mente luz seré de tu alborada.

 

Alberto Villegas Villegas.

Derechos reservados de autor.
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