Madame Voltar

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

madame voltar

François le Sensualité, mejor conocido como “Pancho el Marica”, entró al consultorio de Madame Voltar —su patrona— para realizar el aseo y atender los mandados que la astróloga le encomendase; para su mala suerte la psíquica se había vuelto a inyectar una buena dosis de heroína o bien, se encontraba en uno de esos viajes astrales que realizan cada tanto los tenebrosos practicantes de las ciencias ocultas.

—¡Ay, pero qué terrible trastorno! —exclamó—. Nuevamente deberé atender la línea psíquica.

Afortunadamente François ya se las sabía de todas, todas, e inmediatamente buscó en Internet memolanloshoroscopos.com, ya que los teléfonos comenzarían a sonar en breve.

Hasta eso que aprovechó para probarse el kaftán de Madame Voltar, y el penacho de plumas, y una serie de collares y anillos y pulseras de fantasía, a cuál más chillón, mientras se contemplaba en el espejo al ritmo de “Living la vida loca”, de Ricky Martin.

Apenas comenzaba a disfrutar cuando chilló el teléfono. Raudo y veloz François encendió uno de sus largos y delgados cigarrillos, que montó en una boquilla de marfil, se llevó a los labios la copa de merlot que previamente se había servido y contestó la llamada (eso sí, muy de pierna cruzada):

—Que los cielos te sean propicios, caminante estelar. Estás en el oráculo de Madame Voltar: quieran los hados que te envíen la luz del Unicornio Rosa Invisible.

—¿Madame? —era una voz aguardentosa, patibularia, que se escuchaba al otro lado de la línea, junto a sonidos de cristales rotos.

—¿Sí?

—Necesito que me diga mi destino: écheme las cartas.

—Caminante estelar, dime tu nombre completo, tu fecha y hora de nacimiento y la ciudad y el país donde viste la primera luz.

Al otro lado de la línea se escuchaban cosas que se rompían, golpes tremendos, y música heavy metal.

—Ataulfo Pedroza de Montenegro —dijo la voz en el teléfono— 24 de marzo de 1974, Shihuahua, Shihuahua, México.

—¡Ay! ¡De Chihuahua! ¡A ver! ¡Di Chihuahua!

—Shihuaha.

—¡Pero qué lindo!

François —como anteriormente dijimos— ya se las sabía de todas, todas: era necesario entretener al cliente el mayor tiempo posible a fin de generar mayores ingresos; no obstante el golpe seco de un marro golpeando una pared le incomodaba, así que se atrevió a preguntar:

—Oye, corazón, ¿por qué hay tanto ruido?

El estrépito de lo que parecía ser un trastero lleno de platos de cerámica y copas de cristal hirió los delicados oídos de François; además se escuchaba como que rasgaban telas y prendas de cuero.

—Estamos remodelando —contestó Ataulfo.

—Bien… caminante estelar: veo que perteneces al signo Aries, que domina los cielos: en breve te verás en problemas con la ley; pero conseguirás librarlos.

—Dime algo que no sepa, Madame.

—Veo una ruptura del corazón, una torre destruida, carreteras infinitas… viajes, y problemas con la ley.

—Eso ya se sabe: ahora dime mi carta astral.

—Corazón de melón, la carta astral lleva cerca de 15 minutos realizarla y el costo se incrementa bastante; yo nada más te aviso por ética del consultorio.

—Mira, la zorra de Yahaira (hasta el nombre de zorra tiene) me dejó por un licenciado de corbatín, así que estoy en su departamento destruyendo sus cosas; por mi carga a su cuenta telefónica todo lo que se te venga en gana (total ya tiene un montón de llamadas a Indochina, Quatar y otros países exóticos).

François, quien sorbía de su copa de merlot, tosió arrojando el líquido escarlata: casi se le despintan las uñas y se le caen las bragas ante tamaña muestra de barbarie:

—¡Pero eso está muy mal! —atinó a decir—. Te puede traer muy malas vibras.

—¡A ti que te importe un pito, que vas a recibir tu dinero! ¡Dame mi carta astral, mi estudio de numerología y la oración secreta de Satán para burlar a la policía!

Aterrorizado, François colgó el aparato.

—¡Ay, pero qué canijo trastorno! —exclamó. Se sirvió otra copa de merlot, encendió un cigarrillo y contempló a Madame Voltar: un hilillo de baba argentado y lunar descendía, suavemente, desde la comisura de sus labios hasta la suave superficie de la funda de seda de su almohada: François se apresuró a consultar su horóscopo.

 

 

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