Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Llena de azul para volverte sueño: menos que un murmullo, caricia de la seda.Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Llena de azul para volverte sueño: menos que un murmullo, caricia de la seda.Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Brisa de cabello, palpar los secretos enterrados en tu piel, hundirme —húmeda— en tu centro.Continuar leyendo
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Cuando pasan las horas extraviadas de la historia, cuando vuela el pensamiento en alas del capricho y el desorden, invariablemente, me lleva a ti,Continuar leyendo
Por: Ana Rossetti
Salamandra es deseo bebiendo en los topacios de un estanque, en cielos de Giotto, en las bóvedas húmedas de translúcida yedra.Continuar leyendo
Por: Rafael Pérez Estrada
En el Club de Marinos Ilustres de Chelsea comía yo, junto a Lady Ollivier, cuando esta dama, contra todo protocolo, exclamó sorprendida, dirigiéndose a mí: Qué horror, ¿no ve qué extraño tatuaje hay en este bistec?, y al mirarlo, vi cómo en aquella carne no muy hecha brillaba en oscuridades de tinta y frito un precioso tatuaje de esos que exhiben los animosos muchachos de la Navy. Preferí, ante la evidencia, no hacer comentario y enfrascarme en el inesperado olor a cuerpo, mar y puerto que salía de aquel singular plato, y continué la charla como si nada excepcional ocurriera.
Pérez Estrada, Rafael. El ladrón de atardeceres. p. 34. Plaza & Janes. España. 1998. ISBN: 84-01-59025-6
Por: Konstantinos Kavafis (traducción de José María Álvarez)
Doce y media. Rápidamente el tiempo ha pasado desde las nueve cuando encendí mi lámpara y me senté aquí. Estoy sentado sin leer ni hablar. A quién podría hablar en la casa vacía.Continuar leyendo
Por: Ángela Figuera Áymerich
La noche es una pobre bestia oscura herida a latigazos por el viento…Continuar leyendo