Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Soñé tu cuarto
lleno de polvo y telarañas,
con los vidrios rotos
y el paso del tiempo
cincelado sin piedad
—buscaba tu silueta
aunque estabas muerta—.
Comenzó a llover
y de los muros
se derramaban los fantasmas,
preludiando un limbo
que desde entonces
me fueron regalando
en piezas;
porque estabas muerta
para mí
y no podía creer que tu rostro
empapado en llanto
guardara mi desgracia.

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