Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Anoche fui un vampiro; hoy, sólo un exiliado en arrabales.
La loca del 35 grita histéricamente, las botellas derramadas por el piso juegan con un universo de colores, con un cuerpo blanco y una maraña de cabellos, y de entre todos los colores, el escarlata.
Hay voces que no recuerdo, silencios tenues salpicados de imágenes que remiten a alguna historia de terror que hacía referencia a los caldos primitivos. Un acento que no tiene rostro, murmullos que escuchamos entre la vigilia y el ensueño: la radio del vecino a mitad de la madrugada, los rezos de las viejas en un velorio.
La loca del 35 aporrea la puerta y yo trato de encender un cigarrillo, pero el temblor de mis manos me hace fallar un par de veces.
Hay voces que no recuerdo, ilusiones de la infancia en una tarde llena de sol y de pájaros, de algodones rosados y globos que se van al cielo. Un acento que no tiene rostro, alguna chica que conocimos en un tren y no tuvimos el valor de acercarnos.
Alaridos violentos en la puerta, golpes tercos que terminan por derribarla y un ejército de mandriles emerge con la prepotencia pintada en los ojos. Uno me sujeta de los cabellos, otro me da un bastonazo en la cara… …y el mundo se tiñe en sepia.


