Con algunos comentarios por parte de Gengis Khan acerca de la necesidad de preparar salsas bien condimentadas
Por: Elko Omar Vázquez Erosa

Como ya he comentado en una de mis crónicas, absolutamente verdaderas (consúltese El secreto de Tory´s Burger, disponible en este mismo blog) mi amigo Toribio hizo su fortuna como el amo indiscutible de las hamburguesas, no sólo de Chihuahua, sino de todo el mundo, luego de atrapar a un chaneque a quien le arrancó, a punta de golpes, la receta para preparar la carne. No te dejes llevar por imitaciones chafas. Si comiste las Deli Burger y te causaron adicción las Tory´s Burger serán tu perdición, además de que Toribio es una persona tan amable y tan querida por todos que sería imposible dejar de consumir sus burger.
Pues existe la tapa arterias, que lleva no sé cuántos kilos de queso y de tocino, de cebolla y de tomate refritos, que sólo de verlas te dan terror y te preguntas si tanta cantidad de carne de ganado vacuno y porcino te pondrá malo. Además prepara unas salsas de miedo y unos chilitos toreados que a más de un gringo lo han volteado al revés, como un calcetín, pero ahí siguen, adictos como los meros meros adictos.
No conforme con haber creado sus primeras hamburguesas Toribio se volvió una persona obsesionada con mejorar sus recetas e incluso recurrió a la magia negra y encontró entre las páginas del Necronomicón, probablemente en la página 931, versículo 78, o algo así (ya ven que cuando estoy pedo me falla un poco la memoria) la capacidad de viajar en el tiempo para conocer toda la historia de las hamburguesas y ahí se fue, en una vorágine, en un viaje por el tiempo.
Su espíritu protector fue un coyote, quien lo acompañaría para encontrar los secretos de las hamburguesas, algo así como cuando leemos en la Divina comedia, que Virgilio acompañaba a Dante.
Entre las visiones resplandecientes que Toribio pudo ver fue que ya los mongoles, quienes siempre andaban a caballo guerreando y no tenían tiempo de bajarse a cocinar su comida, pues llevaban carne picada en los estribos, misma que comían mientras asesinaban a nuestros antepasados europeos, como se puede ver en esa escena terrorífica de Juego de tronos, cuando la reina Daenerys Targarien suelta a sus dragones.
Fueron los alemanes, víctimas de las invasiones mongolas, quienes luego aprendieron a cocinarla y a especiarla.
Los indios del Perú aportaron las papas y aquí, si me permiten un comentario lo expresaré; bueno, en realidad aunque no me lo permitan de todos modos lo voy a soltar: existen un montón de variedades de papas y los incas siembran unas en un rincón de la montaña, otra variedad acá y otra acullá, y si hace mal tiempo unas se logran y otras no, y así no se mueren de hambre.
Las papas, aportación del Perú, salvaron más de una vez de la hambruna a nuestros queridos hermanos irlandeses.
Gracias, gente de Perú.
Los mexicanos aportamos el tomate que al principio los europeos pensaban que eran venenosos y sí que lo eran ya que en las cocinas de la Madre Patria se usaban platos de estaño y al chorrear el jugo del tomate contra dicho metal se creaba una reacción química que mataba a las personas.
Y este es el último reporte que tengo acerca de las investigaciones metafísicas de mi amigo Tory, quien sigue buscando la piedra filosofal de las burger, la quinta esencia de las mismas, el corazón elusivo para prepararlas, la forma más poética de hacerlas.
Si quieres comerte una pecaminosa hamburguesa de Toribio no te preocupes ya que él eligió, con la sabiduría que lo caracteriza, el punto exacto donde precisamente Dios no está mirando (aprovecha que Dios no está mirando, anda por ahí, pues viendo otra cosa), así que los pecados gastronómicos que cometas no te serán tomados en cuenta el día del Juicio Final, yo te lo puedo garantizar. En lo que se refiere a los comentarios de Gengis Khan sobre la necesidad de hacer salsas condimentadas pues andaba yo tan pedo que perdí las notas sobre este reportaje que he realizado y se habrán perdido en el taxi sobrenatural que pedí para viajar a través de las eras y habrán de disculparme, lo que es una lástima y no me acuerdo qué dijo. Nos hemos perdido sus exquisitas observaciones de bárbaro sanguinario y devorador de carne picada.
