Enrique II, 6 de julio de 1189 (El libro de la sombra y del gusano, florilegio en preparación)

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

No le bastaron los ojos radiantes
de Leonor de Aquitania;
sus hijos, Juan sin tierra
y Ricardo Corazón de León
competían para llenar sus días
de negras amarguras,
y en su copa dorada
esa pérfida Albión
escanciaba vinagre.

En la hora suprema,
en su lecho de muerte,
Enrique murmuraba:
maldito el día que me vio nacer
y malditos los hijos que he tenido.

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