Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Mientras escuchábamos música de las axabebas Omar Khayyam y yo, cómodamente recostados en unos divanes deliciosos, bebíamos vino para, ocasionalmente, aspirar el humo perfumado del narguilé, que nos servía una de las doncellas que él había traído consigo. El poeta persa y un humilde servidor admirábamos la siguiente escena: Continuar leyendo
