La guerra de las calabacillas

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Por: Elko Omar Vázquez Erosa

Durante su visita al rancho «El Refugio» Miguel Ramírez se fijó en las calabacillas silvestres que crecían por doquier, del tamaño de una bola de billar, y me preguntó:

—¿Se comen?

—No, son muy amargas, pero pueden utilizarse para una buena batalla como las que desarrollábamos, en los buenos tiempos, mis primos Laura y Tito y mi hermano Ricardo y yo. Continuar leyendo