Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Las horas de agonía en el trabajo habían pasado, el camión se detuvo en la parada y bajé. Crucé la calle, compré una revista y me disponía a ejercitarme en la más bella de las artes —el ocio— cuando un individuo casi me atropella a vertiginosa velocidad con su motocicleta. Le iba a reclamar; pero él me saludó y yo lo reconocí.
—Oye —dijo—, me acabo de enterar de que están contratando en un negocio de actualidad y telecomunicaciones, y que van a pagar en dólares.
—¿De qué se trata? —No sé, me acabo de enterar, pero es de buena fuente.
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