Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Encendí el ventilador. El aire artificial daba de lleno en mi rostro, las luces de la ciudad brillaban fuera. Bebía un poco de café acompañando un cigarrillo, los compases de una música deslizaban por mi pecho secretos sueños del ayer que despertaron en un instante. Vacilé: era el miedo a la locura, a destrozarlo todo. El corazón amenazaba con volar hecho resortes, necesitaba respirar —era preso de la angustia—.
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