Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Repentinamente y en la madrugada
la ciudad ahogada de silencio
húmedo y caliente,
y sólo escuchaba el ventilador,
ese enjambre de crueles insectos.
Fue muy clara la estupidez
a la que reduje mi vida
y los pensamientos
no me abandonaron,
se me colgaron de los párpados
hasta dejarlos negros,
y vi pasar noches y días
por la ventana;
llamaron a la puerta
y yo no respondía,
vinieron ambulancias
y enfermeras guapas
que me llenaron de agujas,
de besos y de suero.
Trajeron monos
y un payaso que jugaba
con naranjas,
bailarinas y perros falderos,
y hasta el más serio de mis tíos
recitó poemas
e hizo bufonadas.
Fue muy clara la estupidez
a la que reduje mi vida
y los pensamientos
no me abandonaron,
se me colgaron de los párpados
hasta dejarlos negros
por andar registrando
el paso del tiempo
en la ventana.

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