Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Este océano de angustia,
este mar de contrición.
¡Pero había trampa!
Era imposible no pecar.
Las olas rojas de la historia
bañan la memoria de la tierra
en la orilla del tiempo,
al pie de las estatuas rotas
de los dioses,
bajo el peso terrible del presagio.

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