Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Era una noche de rosas
—era el silencio de tu ventana—
quizá una mirada
sedienta de lontananza,
el tono ocre de una tarde
herida por una espada.
Era un suspiro que llegaba
a las tumbas olvidadas
de los ancestros,
una sombra de ayeres
que sacudía
las armaduras oxidadas
de aventureros
cobijados en tu sangre
y en la arena.
Era un canto a la luna
y un estrépito de duelo
en calles torcidas y estrechas.
Era la musa del viajero,
la pluma verde
en el sombrero del poeta.

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