Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Un día, sepultado
en sombras de ayeres,
recuerdo que alguien
—o imagino que alguien—
me dijo cuánto sufriría
dado mi carácter.
Con el tiempo la frase
fue adquiriendo consistencia,
la dolorosa realidad
del “te lo dije”.
Me he quedado solo
con el paso de las horas
más secretas y enterradas,
en el trajín minúsculo y vulgar
que nos rodea:
no consigo arrepentirme,
no podía ser de otra manera.

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