Por: Elko Omar Vázquez Erosa
La sonrisa de una mujer
niega el luto de los árboles
que desnuda el otoño,
es lluvia de abril
y salmo de tierra
—duerme en las notas
de una canción
y en el vaivén silencioso
del tiempo—.
La sonrisa de una mujer
es roce de llamas
—una flor en la nieve—
noche sin sueño
aderezada en quimeras.
Es el viento
que sabe jugar
con las frases calladas
que palpitan del bardo
en el arpa,
el beso de un ángel
sin alas,
un trozo de luna
que atesora el poema.

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