Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Herí la noche con una espada
para ofrendarte una caricia de luz.
Tenue reverberar de gritos
que vuelan desde el ayer,
con juramentos que un día
importaban.
Suave roce de pies desnudos
contra el mármol
—velar tu sueño
de sombras y columnas—.
Inmutable reposo
de la diosa dormida
en el silencio eterno.


