Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Como negros sacerdotes de la tristeza
fuimos a escuchar el viento
y escanciamos vino
para honrar a los fantasmas.
A veces tu sonrisa prometía
los fulgores de la gran ciudad,
y en lo alto del olvido
vimos pasar las aguas dulces
de unas horas que finalmente
nos pertenecían.
Al mirar dentro de tus ojos
se volvieron claras las visiones
de universos tenues que dormían
más allá del placer
que nos procuraba la botella;
pero nunca nos dejó
la herencia de los reinos
que siempre tuvieron sus límites
en una odiosa, persistente
melancolía.

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