Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Es increíble lo que se puede envejecer con unos años de poesía y soledad, la tragedia de ver cómo se desdibujan las preguntas que ya no quieren preguntar.
El poema se cobra con amor destrozado que se lleva las pocas briznas de fe. Decía Borges: ¿de qué sirve escribir si somos muertos cantándole a los muertos? ¿De qué sirve el beso, la batalla horrenda, la guerra, el sacerdocio? ¿A qué los afanes del mar, de la filosofía y de la santidad? ¿Y cómo renunciar a ti, mujer, si cambiarte es como cambiar mil dioses paganos por un Dios?

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