Por: Elko Omar Vázquez Erosa
La sala fría en plástico y metal de una instalación moderna por la que desfila un carnaval de rostros gélidos que a veces sonríen parapetados de cristal.
Hay veces, el mar de ojos nos comunica una sensación de prisa y desamparo. Hay veces que nos transformamos en una cifra, en un silencio mecánico y afable. Una reverencia aquí, otra allá; una tarjeta de crédito que inspire confianza para no ser de los hombres que olvida la mañana ciega en un rincón, con la botella envuelta en arrugada bolsa de papel.

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